Diario de Noticias
Salvo en algunos superestadios que tienen una cubierta que cubre totalmente el terreno de juego, el fútbol se juega al aire libre y, por lo tanto, el desarrollo de los partidos se puede ver condicionado por circunstancias meteorológicas. No es raro, menos aún en otros países más norteños, ver que se suspenden encuentros por la nieve, pero también por la niebla o por trombas de agua que dejan el césped impracticable. Lo que no es tan normal es que esos fenómenos atmosféricos afecten sólo a la mitad del terreno de juego. Y no tiene nada que ver con que esa mitad esté cubierta o no.
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