Cope Zaragoza
Renedo de Piélagos ya huele a fiesta. Detrás de los conciertos, las verbenas y los fuegos artificiales, hay meses de trabajo para dar forma a las fiestas de San Antonio, que se consolidan como un referente de celebración participativa e inclusiva en Cantabria. La concejala de Festejos, Gloria Bárcena, admite que en estos momentos previos "sufro más que disfruto", un sentimiento que refleja la enorme responsabilidad que supone organizar un evento de esta magnitud. La organización de las fiestas es una maquinaria que empieza a funcionar casi un año antes. "Prácticamente cuando acabas las fiestas, empiezas ya a pensar en las siguientes", explica Barcena. Para la concejala, no hay sorpresas, sino "muchísimo trabajo, muchísima ilusión y muchísima responsabilidad". Y ante todo, una prioridad clara: "lo que priorizamos nosotros desde el ayuntamiento, siempre, ante todo, es la seguridad", afirma. Uno de los pilares del éxito es el modelo de "fiestas participativas", que ha movilizado a una cifra récord de 69 peñas y unas 1.800 personas. Barcena lo describe como "una explosión de color" y destaca su carácter inclusivo y familiar: "están abuelos, están padres, están nietos, todos dentro de la misma peña". Este año, con nueve peñas más, la implicación ciudadana es mayor que nunca, con un desfile temático de los años 80 que promete ser uno de los momentos más vistosos. La inclusión es otra de las señas de identidad. Medidas como el chupinazo sin carga pirotécnica o las horas sin ruido en las atracciones buscan que todos puedan disfrutar. Esta sensibilidad nació de las peticiones de asociaciones y familias del municipio. "No es justo tampoco que haya niños que no puedan participar en las atracciones por eso", señala Barcena, explicando que se reserva una franja diaria, de 17:00 a 18:00, para que los niños con problemas de sensibilidad al ruido puedan disfrutar de las ferias. El plato fuerte de las fiestas llegará el fin de semana. El viernes, el pregón del alcalde dará el pistoletazo de salida, seguido de un desfile de peñas. El sábado, día grande de San Antonio, se celebrará la tradicional misa y procesión, una comida popular para empadronados y el esperado concierto de De Marco Flamenco. Además, el fenómeno de "La Carpuca" repite éxito: las entradas se agotaron en menos de cuatro horas. Pero el espíritu de Piélagos va más allá de la fiesta. El programa "Piélagos te acompaña" se ha convertido en un pilar fundamental para combatir la soledad no deseada, uno de los grandes desafíos silenciosos de la sociedad. La iniciativa ofrece compañía, escucha y ayuda práctica a quienes más lo necesitan, demostrando que una llamada o una visita pueden cambiarlo todo. Jesús Guillermo Rodríguez, de 84 años, es uno de los usuarios. Tras sufrir un derrame cerebral y vivir durante décadas en una casa grande que "se te venía encima", la llegada del programa le ha cambiado la vida. "Me han venido como anillo al dedo", asegura. Los integradores sociales, como Fernando Zorrilla, le ayudan en gestiones diarias, tareas domésticas y, sobre todo, le ofrecen una compañía que le ha devuelto la seguridad. Fernando Zorrilla, integrador social del programa, explica que, aunque al principio algunos usuarios muestran pudor, la confianza se construye poco a poco. "Cuando les ayudas, la verdad que te lo agradecen muchísimo", relata. El programa atiende actualmente a 23 hogares y se ha vuelto esencial en un contexto donde, según Zorrilla, "cada vez estamos como más despersonalizados" y se está perdiendo la costumbre de preocuparse por los vecinos. Por eso, el mensaje de Jesús a quien se sienta solo es claro: "Que pida ayuda, que es lo principal". La inclusión también anota canastas en Piélagos. El equipo de baloncesto Pas Piélagos Plus, formado por casi una veintena de niños y jóvenes con diversidad funcional, ha sido reconocido con uno de los premios especiales al mérito deportivo del ayuntamiento. Más que un equipo, es una lección de vida que enseña a convivir, derriba prejuicios y recuerda que todos necesitamos sentirnos parte de algo. Mar Castillo, madre de Miriam, de 20 años, y Verónica Palacios, madre de Lucía, de 8, son dos de las impulsoras de esta iniciativa. Para ellas, lo importante no es la técnica, sino lo que el baloncesto representa: "hacer deporte, es salud, es la pertenencia a un grupo, es socializar", enumera Mar. Verónica añade que, aunque al principio parecía difícil crear un equipo con niños de capacidades tan diferentes, "han sabido engancharles" porque, al final, "los niños quieren jugar". Ambas madres coinciden en que el mayor obstáculo no es la discapacidad, sino la mirada de los demás. "El entorno siempre. Duele las barreras, ya no vamos a hablar físicas, sino mentales", afirma Mar. "Duelen las miradas, duele que te miren con compasión y con lástima". Por eso, el reconocimiento del ayuntamiento fue un momento de "orgullo" y una oportunidad para dar "visibilidad brutal" y demostrar que sus hijos, en el escenario, "iluminaron" el acto.
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