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Jorge y Laura, una historia de amor gracias al Papa Benedicto XVI: "Señor, si quieres que sea sacerdote, házmelo ver, y si no, preséntame al amor de mi vida" | Collector
Jorge y Laura, una historia de amor gracias al Papa Benedicto XVI:

Jorge y Laura, una historia de amor gracias al Papa Benedicto XVI: "Señor, si quieres que sea sacerdote, házmelo ver, y si no, preséntame al amor de mi vida"

La historia de Jorge Romero y Laura Serra es la prueba de que la vida puede cambiar en el momento más inesperado. Su camino juntos comenzó gracias a una visita del papa Benedicto XVI, un encuentro que, sin planearlo, se convirtió en el origen de una familia que hoy cuenta con cuatro hijos. El matrimonio ha compartido su testimonio en 'La Tarde'. Todo comenzó en Barcelona en 2010, durante un viaje apostólico de Benedicto XVI. Jorge, que entonces tenía 18 años, esperaba al pontífice cuando Laura se le acercó. "Estaba echándome mi último cigarro, que con esa edad es como bien valioso", ha recordado Jorge. Laura le pidió uno y, ante la oferta de compartirlo, optó por una táctica más directa: "robármelo e irse entre la gente". Así, como ella misma ha admitido, consiguió llamar su atención. Meses después, y tras un breve contacto por la red social Tuenti, sus caminos volvieron a cruzarse en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid en 2011. Laura le pidió a Jorge que recogiera su mochila de voluntario, sabiendo de antemano que no estaría en las listas. "Me contestó, 'qué pringao'", ha relatado Jorge entre risas. Laura ha justificado su estrategia: "Jorge era una joyita, el típico niño supercompleto: guapo, artista, estudioso, supercatólico. Tenía que llamarle la atención de alguna manera distinta". El punto de inflexión llegó en la plaza de Cibeles de Madrid. Como voluntarios de la JMJ, su tarea fue mover vallas tras uno de los actos. Jorge ha descrito un momento casi cinematográfico: "Estaba lleno de gente y, en un momento dado, la gente se separó y, al final de la plaza, solo estaba Laura de pie mirándome". Tras las bromas pasadas, se fundieron en un abrazo y comenzaron a hablar, una conversación que se alargó hasta las 8 de la mañana y donde realmente empezaron a conocerse. En aquel momento de su vida, Jorge se encontraba en un profundo proceso de discernimiento vocacional, planteándose seriamente el camino al sacerdocio. En medio de esa incertidumbre, decidió lanzar una pregunta directa a Dios para que le aclarase su futuro. Su plegaria fue clara: "Señor, si quieres que sea sacerdote, házmelo ver, y si no, preséntame al amor de mi vida". Según ha contado, esa misma noche apareció Laura. Aunque ha reconocido que "no se vio tan claro ante el primer día, fue un caminar juntos", esa pregunta marcó el inicio de su relación. Laura siempre respetó su proceso de discernimiento, ante lo que ha afirmado: "Es que contra el señor yo no puedo luchar". El matrimonio, que se casó joven, con 22 y 24 años, ha conectado su experiencia con el reciente mensaje del Papa León XIV a los jóvenes: "no tengáis miedo a decir que sí a lo que sea". Para ellos, fue una decisión de "locos de amor" que habían discernido su camino a la felicidad. Laura cree que el miedo a formar una familia surge de buscar "seguridades en lo humano", pero "si te agarras a todo, al final tus manos están atadas, no eres libre para entregarte". Jorge ha reforzado esta idea, afirmando que "la vida sin entrega, sin entregarte, no es vida". En su opinión, evitar el compromiso convierte la existencia en una "vida Excel", sin espacio para "la aventura, a ver milagros, a la creatividad". Para el matrimonio, la clave es abandonarse y confiar, porque "qué bello es cuando uno se fía". Hoy, con cuatro hijos, viven la fe como un "estilo de vida" integrado con total naturalidad. Su hija mayor, Martina, de 8 años, ha seguido la visita del Papa León XIV con la inocencia propia de su edad. Aunque notó su cansancio, también percibió que "está tranquilo", un detalle que, según su madre, demuestra cómo el mensaje del pontífice llega a los más pequeños "en la mirada, en los gestos, en la sonrisa". El objetivo final de Jorge y Laura como padres es que sus hijos, al crecer, "sean valientes para decir su sí a lo que Dios les pida". Para ello, buscan que hayan visto en ellos "el reflejo de la alegría y del amor". Viven su día a día como "niños normales y felices", que después de las jornadas de calor y sed, lo celebran "con un buen McDonald's".

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