Diario de Noticias
Hay imágenes que deberían incomodar mucho más que una estadística. Un techo desprendido en un pasillo de Maternal del Hospital Universitario de Navarra no es una anécdota, ni un susto que se resuelve cerrando un ala durante unos días. Es una señal. Una señal física, visible y difícil de maquillar de algo que profesionales, pacientes y familias llevan demasiado tiempo percibiendo: el hospital de referencia de Navarra envejece, se parchea y sigue funcionando gracias a la profesionalidad de quienes trabajan dentro, no porque se haya hecho una apuesta estructural suficiente por sus infraestructuras.
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