ABC
Este Papa no deja de meterme en líos. Ya sé que no lo hace a propósito, pero desde que se asomó al balcón de San Pedro con el solideo blanco, la muceta roja y la estola bordada en oro no he dejado de porfiar por su culpa. En mi entorno profesional, porque veían a Prevost como un Bergoglio 2.0 y creían que detrás de su aspecto moderado se escondía el león populista que llevaba dentro. Y en mi entorno familiar, porque es una inveterada costumbre recibir al sucesor de Pedro en medio de una algarabía piadosa que a mí me pone los pelos de punta. Ambas porfías se han recrudecido con motivo del viaje del Papa a España. Cuando supimos... Ver Más
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