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Desde el pasado 28 de mayo la vida de Antonia Gutiérrez Vicente, de 63 años, transcurre en la calle. Día y noche. Su vida, más que modesta, y la de su hijo Jesús, de 40 años, sufrió uno de esos giros que vienen mal dados porque ese día, el 28 de mayo, fueron desahuciados del piso en el que vivían en San Isidro. Desde entonces, esta mujer que sabe por experiencia que las desgracias nunca llegan solas, vive y duerme en la calle en un circuito itinerante que los llevan de los parques del polígono industrial San Fernando de Cox al de San Carlos de Redován. A su hijo Jesús, enfermo, le ha podido pagar alguna noche en un hostal con lo poco que le permite su pensión de viudedad, pero tienen también que comer y no se puede estirar más. Duermen los dos a la intemperie, en zonas discretas, porque la vergüenza pesa más que las piernas cansadas de caminar los kilómetros que separan Cox de Redován y Redován de San Isidro.
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