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El pontífice celebra un acto religioso junto a la juventud congregada en el Estadi Olímpic y donde han participado artistas como Sergio Dalma, Beret, Álvaro Soler, Conchita o Siloé El Papa abre su visita a Barcelona en catalán y apelando a la unidad en “un mundo marcado por guerras y divisiones” “¿Cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?” La pregunta de un joven a punto estuvo de dejar sin palabras al Papa León XIV durante una multitudinaria vigilia en el Estadi Olìmpic, en las que clamó contra la violencia contra las mujeres, la “enfermedad silenciosa” de la depresión y del suicidio, y exigió “un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado, que afecta también a los jóvenes”. Antes de entrar en el estadio, el Papa bendijo 30 ambulancias del proyecto de la Fundació Santa Clara, que esta misma noche partirán con destino Ucrania. León agradeció a la monja tucumana Sor Lucía Caram su trabajo, y se mostró “muy preocupado” por la situación en el país. Ya en el interior, junto al cardenal Omella, el Papa respondió a varias preguntas-testimonio, alternando el catalán y el castellano. Antes, se paseó entre los más de 40.000 fieles que poblaban el estadio, y asistió a una torre de los Castellers de Vilafranca. El primero de los testimonios, el de un joven recién convertido, sirvió para que el Papa reflexionara sobre el descubrimiento de la fe, y la necesidad de “seguir buscando, a buscar avanzando, pero, sobre todo, a buscar”, yendo “a lo profundo”. De nuevo en catalán, León XIV denunció cómo “la idolatría del beneficio y del rendimiento, el afán de tener que producir siempre y ser vencedores, así como el culto a la propia imagen, no son más que anestésicos para adormentar nuestra conciencia y adaptarla a una cierta idea de sociedad”. En cambio, “cuando las personas aprenden a detenerse, a dar valor a las cosas importantes, a apreciar el tiempo de modo nuevo y a pensar en la propia vida dejándose iluminar por el Evangelio, desarrollan también un pensamiento crítico respecto a un sistema social que no pone a la persona en el centro y provoca situaciones de injusticia y de pobreza existenciales a diversos niveles”. “Es por eso que la inquietud da miedo, así como el descubrimiento de la interioridad, de la espiritualidad y aún más del Evangelio”, finalizó. El segundo testimonio abordó la depresión, la oscuridad, los intentos de suicidio. El Papa admitió estar conmovido ante las palabras de la joven. “Te has levantado y has retomado el camino y este es un milagro maravilloso”, subrayó el Papa, quien hizo hincapié en la “enfermedad silenciosa” que supone la depresión. “Es importante tomar conciencia de cómo la salud mental se ve cada vez más amenazada en el contexto de sociedades que se consideran avanzadas”. “Es una señal de que hay algo profundamente erróneo en una cierta idea de crecimiento que somete a las personas a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales”, glosó el Papa. “Por eso se necesita un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado, que afecta también a los jóvenes”, añadió. “Hay momentos de oscuridad y de sufrimiento que nuestra sociedad hace callar, porque precisamente algunos modelos culturales nos quieren siempre vencedores y perfectos y, por eso, el límite, la fragilidad y el dolor deben ser eliminados, confinados al silencio ensordecedor de la soledad o incluso de la vergüenza”, reflexionó, alertando contra los espiritualismos a través del sufrimiento. “No debemos espiritualizar el dolor, reconduciéndolo superficialmente a la ”voluntad de Dios“ o a algún misterioso proyecto suyo, porque esto corre el riesgo de minimizar ese sufrimiento, de silenciarlo, de herir a las personas”. Porque “Dios no quiere el sufrimiento”. Finalmente, las preguntas que dan comienzo a esta crónica. Y la difícil respuesta del Papa, denunciando “el clima envenenado en las relaciones familiares de abusos y opresiones, y en particular de violencia contra las mujeres, que a menudo desembocan lamentablemente también en feminicidios”. “Esta realidad dramática estamos llamados a abordarla todos, sea personalmente, sea como sociedad, porque a nosotros nos corresponde afrontarla en todas sus dimensiones”, clamó. “Si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio, debemos hacernos algunas preguntas a nosotros mismos, a las dinámicas de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios”, reflexionó. Pese a todo, añadió, “debemos aprender a mirar el perdón, poderosa medicina contra el mal que sana nuestras heridas interiores, como algo que forma parte de un proceso, de un camino”, sabiendo que perdonar no siempre equivale a al olvido: “No debemos pensar que el perdón equivalga siempre y en todos los casos a volver a la situación anterior”, especialmente “cuando el hecho ha sido marcado también por la violencia”. Con todo, animó a “entrar cada vez más en la dinámica del perdón y a reconciliarnos con Dios y con los demás. Somos pecadores perdonados, estamos en paz y somos capaces de perdonar. Capaces de ser portadores de paz”. Toda la información en www.religiondigital.org
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