COPE
El punto culminante de la histórica Vigilia en el Estadio Olímpico de Montjuic, en Barcelona, llegó con las palabras del Papa en la Homilía. «Nuestro caminar, nuestro desear y todo aquello que abrazamos y vivimos cotidianamente, en las alegrías y en las derrotas, en las aspiraciones y en los proyectos, es la expresión de nuestra búsqueda continua: somos mendigos de amor, tenemos hambre y sed de verdad, buscamos un significado pleno que nos sostenga, nos anime y nos ayude a comprender el misterio de nuestra vida.», comenzaba su discurso el Papa. Unas frases que adquieren un especial significado en el contexto de renacer espiritual católico que se está dando en España y en tantos otros países occidentales que parecía que se habían asentado en una secularización que no dejaba lugar a la religión y a la búsqueda de sentido profundo. El Papa alternó en su Homilía entre el catalán y el español, en un gesto hacia la riqueza lingüística de la tierra catalana. En catalán continuó el Pontífice desarrollando su argumento sobre el camino de vida y cómo este se entrelaza con el camino de fe: «Él está siempre junto al Padre y junto a nosotros; así, cada vez que el misterio de nuestra vida se despliega a la luz de un nuevo día, en todo lo que somos y obramos, estamos en la presencia de Dios y somos custodiados por su abrazo eterno: nuestra vida está con Cristo escondida en Dios». León XIV ha asegurado que es humano experimentar momentos de noche en la fe, de fatiga, de cansancio e incluso de miedo y de fracaso. «Estas noches —que acompañan nuestra vida, el camino de la fe y la historia en la que vivimos— son un lugar de bendición, un espacio para renacer, un vientre que siempre alumbra vida nueva. Estas noches nos despojan y nos devuelven a lo esencial; nos quitan las máscaras humanas y religiosas que usamos de día, para que no nos reconozcan o para dar una imagen de nosotros diferente de lo que somos; nos dejan al descubierto, en nuestras luces y en nuestras sombras, devolviéndonos a la humildad de sabernos mirar en la verdad, más allá de la presunción de pensar que nuestro camino ya esté cumplido y que avancemos como si tuviéramos una luz clara sobre todo, sobre todos e incluso sobre Dios.» «Y pensando en nuestro camino personal, pero también en las noches de nuestro camino eclesial y de España, de sus ciudades, de sus antiguas y nuevas pobrezas, de su sociedad y cultura, podemos entonces preguntarnos: ¿cuáles son las noches que atravesamos? ¿Qué nos sugieren? Entrando en ellas y mirando con humildad y sin prejuicios la realidad de lo que somos, ¿qué estamos llamados a cambiar?, ¿dónde debemos renovarnos, en qué dirección queremos ir, qué sociedad queremos construir?», se ha preguntado el Pontífice en castellano, nuevamente. A modo de conclusión, el Papa ha terminado su Homilía también en catalán: «No dejemos de buscar, de cuestionarnos y de dialogar, con Dios y entre nosotros, también en el corazón de la noche. Caminemos juntos en la fe que armoniza la diversidad de nuestras ideas y sensibilidades, para buscar la verdad que nos guía hacia el bien común, para que este país sea un espacio acogedor para todos, donde cada uno es respetado en su dignidad de persona y amado por lo que es. Abrámonos al don del Espíritu, buscando al Señor como Nicodemo y acogiendo la luz de su Evangelio, con la certeza de que experimentaremos en nosotros una vida nueva, una presencia que bendice, un amor gratuito que nos ayudará a pasar de la noche a la luz. Porque Dios quiere que nada se pierda y ya desde ahora desea darnos la vida eterna, para conducirnos a la felicidad que no tiene fin.»
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