COPE
El Papa León XIV ha presidido este martes la homilía en la Basílica de la Sagrada Familia para bendecir e inaugurar la Torre de Jesucristo, la más alta del templo. En un acto solemne, el Pontífice ha estado acompañado por Sus Majestades, el cardenal y arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, y numerosas autoridades religiosas y civiles, además de representantes de otras confesiones. Durante su discurso, el Papa ha presentado el templo como un signo de unidad y de concordia para toda España y ha recordado la labor de su predecesor, Benedicto XVI, quien consagró la basílica en 2010. La ceremonia ha continuado con la bendición de la torre, un hito que culmina una de las fases más importantes del proyecto arquitectónico. León XIV ha descrito la Sagrada Familia como una obra en construcción, una metáfora de la vida cristiana. Ha afirmado que "todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra", que tiene a Cristo como principio y fin. Según el Papa, la imperfección del templo "no es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia". El momento más contundente de la homilía ha llegado con su llamamiento a la paz y la coherencia de la fe. El Papa ha afirmado con rotundidad que la fe en Jesús es incompatible con la violencia: "No podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria". La cruz que corona la torre de Jesucristo, ha explicado, brilla de día y de noche, iluminando la ciudad "como un faro abierto al Mediterráneo" y transformando "un instrumento de muerte en signo de esperanza". Es un símbolo, ha dicho, de que la luz de Cristo brilla en las tinieblas. El Pontífice ha tenido palabras de recuerdo para el arquitecto Antoni Gaudí, de quien se conmemora el centenario de su muerte. Lo ha descrito como un "arquitecto ardiente de fe" que concibió el templo como una "elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz" para narrar los misterios de la vida de Cristo. En este sentido, ha destacado que "el arte y la belleza son eminentes canales de evangelización". Finalmente, León XIV ha concluido que la Basílica de la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo no para destacar en "clasificaciones mundanas", sino para "guiar los pasos del pueblo de Dios" con la cruz como una "lámpara encendida en la espera".
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