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La investigación es la herramienta clave para avanzar en la lucha contra los tumores infantiles, una batalla donde cada paso cuenta. Con este espíritu, la asociación Kilómetros de Esperanza ha completado una extraordinaria vuelta a Andalucía en la que han recorrido más de 1.400 kilómetros a través de las ocho provincias. El objetivo ha sido doble: recaudar fondos para la investigación y, sobre todo, dar visibilidad a una realidad que afecta a muchas familias. El balance de la iniciativa es, en palabras de Patricia Castro Cuéllar, vicepresidenta de la asociación, "sin duda, un balance positivo". Castro destaca la experiencia como "supergratificante, enriquecedora y, sobre todo, ver cómo los niños y los colegios se han implicado". La cara de ilusión de los "pequeños guerreros" al recibir a los ciclistas ha sido uno de los momentos más emocionantes, un instante en el que los deportistas se convertían en héroes para los verdaderos protagonistas de esta historia. Más allá de la recaudación económica, la iniciativa busca poner el foco sobre el cáncer infantil. Para la asociación, dar visibilidad "es, si cabe, más importante que la remuneración económica". Este proyecto, que implica a la comunidad educativa, también subraya la importancia del deporte. "Estos niños pasan mucho tiempo encerrados, encamados, se pierde masa muscular y es superimportante que no pierda la disciplina de hacer algún tipo de deporte aunque sea simplemente levantarse de la cama", explica Castro. El apoyo del entorno es fundamental para los pacientes y sus familias, que pasan largos periodos en hospitales o en casa debido a los tratamientos y al riesgo de infecciones. Es crucial "que no se le suelte de la mano ni a la familia ni a los propios niños", especialmente en edades como la preadolescencia, donde el grupo social es tan importante. La recaudación, que proviene tanto de colegios como de empresas y particulares, se destina íntegramente a la investigación. Aunque la cifra de los centros educativos ronda los 1.000 euros a priori, aún quedan aportaciones por contabilizar. Patricia Castro recuerda que las empresas colaboradoras y los patrocinadores son "la base fundamental económica" y que cualquier persona puede colaborar desde un euro. Esta vuelta a Andalucía es solo uno de los múltiples eventos que la asociación organiza a lo largo del año para apoyar la ciencia. Todos los fondos recaudados por Kilómetros de Esperanza llegan al Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic), donde el investigador Raúl Luque lidera una línea centrada en tumores cerebrales pediátricos. Luque subraya que la investigación es la única vía para encontrar curas. "Se ha comprobado que la investigación es la vía para generar nuevos biomarcadores y, sobre todo, terapias para curar cualquier tipo de patología", afirma. Sin embargo, lamenta que los tumores cerebrales son "una patología que está un un pelín olvidada". Los desafíos son enormes. El cerebro es un órgano extremadamente complejo y, además, está protegido por la barrera hematoencefálica, una defensa natural que impide que muchos fármacos lleguen a su destino. "Puedes darle un fármaco a un paciente y no llega a cerebro", aclara Luque. Esta dificultad explica por qué "no existen ahora mismo una terapia, claramente un fármaco para para tratar estos tipos de tumores". Por ello, insiste en la necesidad de que la sociedad, las instituciones y los políticos se impliquen para impulsar la inversión. Gracias a las donaciones, el equipo del Imibic puede "comprar un montón de kits" y analizar las células de los pacientes para entender qué las diferencia de las células sanas. "Con esas alteraciones, pues podemos diseñar fármacos, diseñar terapia", detalla el investigador. El proceso consiste en probar estas terapias en modelos celulares y preclínicos en el laboratorio, con el "fin último de trasladarlo al paciente" a través de ensayos clínicos. Uno de los mayores obstáculos es la propia naturaleza del cáncer. Lejos de ser una enfermedad homogénea, cada tumor es diferente. Luque explica que existe una "heterogeneidad intratumoral", lo que significa que dentro de un mismo tumor conviven células que se comportan de manera distinta. "Puedes darle un fármaco a una persona que afecte a una zona concreta del tumor, pero que otra zona del tumor se escape", señala. El reto es encontrar fármacos que ataquen a todas las células tumorales sin dañar las sanas. El investigador se muestra esperanzado y traza un paralelismo con otros tipos de cáncer: "Si hace unos años por el cáncer de mama las personas se morían, hoy en día es muy difícil que una mujer se muera por un cáncer de mama si se coge a tiempo". Su convicción es que "lo mismo tiene que pasar con este tipo de tumores que son muy complejos, pero que están poco estudiados". Aunque hay vías prometedoras como la inmunoterapia, que ha demostrado ser muy eficaz en otros cánceres, su efectividad en tumores cerebrales aún debe ser investigada. Mientras tanto, el laboratorio de Luque, en colaboración con otros grupos, ya está identificando "algunas vías que pueden ser muy prometedoras a la hora de diseñar fármacos". El mensaje final de los expertos es claro: es vital dar visibilidad a estas patologías, porque así "llega a la sociedad, llega a los políticos, y eso es la vía para la inversión en investigación".
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