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Los días señalados, los que llevan el apellido histórico en alguna de sus aristas, liberan un gas tóxico que tiende a jugar malas pasadas cuando se respira profundamente durante mucho rato. Adormece, impide pensar con claridad, le añade fatiga a las piernas, a los brazos, a los pensamientos, y todo cuesta más. Los días señalados se comportan como un bisturí olvidado en el bolsillo de la chaqueta, si te descuidas, te rebanan el alma. Y lo que hace solo cinco días parecía fácil, sencillo, se torna un desenlace hosco, desagradable, helador.
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