El Periódico Extremadura
Hubo un Cáceres en el que quedar no requería ubicación compartida ni mensaje de WhatsApp. Bastaba decir “nos vemos en Cánovas”, “en La Cruz”, “junto al Astoria”, “en la calle del DNI” o “en los recreativos”. Era el Cáceres de los años 80, una ciudad más pequeña, más reconocible y más lenta, donde casi todo parecía ocurrir entre el paseo de Cánovas, la plaza Mayor, el entorno de San Juan, la avenida de España, la Ronda del Carmen y aquellos barrios que empezaban a estirarse hacia una ciudad nueva.
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