La Opinión de Málaga
En mi calle se da una escena aparentemente trivial. Hay dos contenedores, uno junto al otro. Si uno está con la tapa abierta y el otro con la tapa cerrada - por ‘cerrado’ me refiero sólo a que hay que levantar la tapa- el comportamiento colectivo es siempre el mismo: el abierto se llena hasta rebosar, cayendo incluso algunas al suelo y ensuciando la acera; el otro permanece casi vacío.
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