Faro de Vigo
El verano suele asociarse a descanso, playas, viajes y tiempo libre. Las redes sociales se llenan de fotografías de destinos paradisíacos, escapadas urbanas y comidas frente al mar. Pero detrás de esa imagen idílica existe otra realidad mucho menos expuesta: la de quienes no pueden permitirse hacer las maletas porque sus prioridades económicas están muy lejos del ocio. El encarecimiento de la vivienda, junto con el aumento de los precios de los alimentos, las facturas de suministros, la precariedad laboral y el acelerón un 11% de los precios de los paquetes y alojamientos turísticos en la comunidad, han convertido las vacaciones en un gasto difícil de asumir para muchas familias y jóvenes. Para ellos, desconectar no significa subirse a un avión, sino encontrar pequeños espacios de desconexión entre jornadas laborales y preocupaciones para no llegar a fin de mes en números rojos.
Go to News Site