EL PAÍS
El episodio de la camioneta del presidente Yamandú Orsi tuvo al país entero durante días bailando al ritmo de una historia que parecía enredarse en función de cada dato nuevo: lo que empezó con una declaración jurada siguió con la noticia de un descuento, luego de una donación, luego de una rifa inconclusa, y para entonces un gesto simbólico de su asunción presidencial ya se había convertido en la principal gran polémica de su mandato. Cada aclaración, que tardó en llegar, agudizó un ruido que recién en los últimos días logró bajar sus decibeles.
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