El Plural
El nuevo Gobierno de Lugo cumple un mes después de que la popular Elena Candia recuperase la alcaldía mediante una moción de censura con transfuguismo incluido. mediante una moción de censura apoyada por la concejala tránsfuga María Reigosa, el balance político del municipio sigue estando marcado por la controversia de su ascenso al poder. 30 días no han bastado para calmar las aguas, y el debate allí todavía se centra en si ha comenzado a gobernar por una "indecencia política". "Ni Candia ni el PP tienen proyecto para Lugo. Todo partió de una indecencia política. Y es mentira que hubiera una parálisis en nuestro trabajo, como dijeron para justificarla. Teníamos aprobados los presupuestos, había proyectos aprobados, en ejecución o en avanzado estado de tramitación", en palabras del exalcalde Miguel Fernández. El 7 de mayo, el PP puso fin a 27 años consecutivos de gobiernos progresistas en la ciudad, pero lo hizo gracias al voto decisivo de una edil socialista que fue incorporada a la corporación apenas unos meses antes, y tras haber ascendido en las listas por el fallecimiento de varios concejales del PSOE que la precedían, incluida la histórica alcaldesa Paula Alvarellos. Estos movimientos han provocado respuesta ciudadana bajo el lema y movimiento 'Lugo non se vende', por haber ascendido al poder de manera polémica y por haber vulnerado el espíritu del pacto antitransfuguismo. La nueva alcaldesa, no obstante, justifica las maniobras ante la "parálisis" del Gobierno del municipio. Pero la situación no se limita a la polémica por la formación del Ejecutivo local, sino que las primeras medidas tomadas por la nueva corporación han sido profundamente simbólicas. La primera, retirar la bandera palestina que ondeaba en O Vello Cárcere desde la etapa del mandato PSOE-BNG, una medida que el Gobierno popular ejecutó en menos de 24 horas tras tomar posesión. El gesto fue interpretado por la oposición como un mensaje claramente ideologizado. "Quitar la bandera palestina fue un gesto de provocación", argumentaba Lois Pérez, poeta y novelista y portavoz de la plataforma Democracia Si, Transfuguismo Non. Por otro lado, otra decisión polémica fue la del cambio de imagen institucional del Concello. El nuevo Gobierno sustituyó en redes sociales y soportes de comunicación el logotipo basado en la muralla, utilizado durante los últimos mandatos, por el escudo tradicional de la ciudad, y posteriormente recuperó versiones anteriores del emblema municipal de color azul oscuro, en lugar del rojo tradicional. Distintos expertos interpretaron el cambio como una forma de marcar distancias con el Ejecutivo anterior y de significarse a través de los colores. "Lo de cambiar la identidad corporativa tiene una importancia relativa, pero demuestra eso, que no tienen proyecto y que se dedican a improvisar con medidas propagandísticas", opina Pérez. Del simbolismo a las medidas ideológicas Por otro lado, la nueva corporación municipal eliminó, nada más acceder al poder, el área específica de Política Lingüística que existía durante el mandato anterior, en una decisión criticada por la oposición como otro ejemplo de viraje ideológico. A juicio de Fernández, es el...
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