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León XIV se ha convertido en la última de las decenas de personalidades internacionales en recibir la Llave de Oro del Ayuntamiento de Madrid. Una distinción con la que, a lo largo de la historia de la reciente democracia española, se reconocido a otras figuras institucionales y políticas de la talla del presidente estadounidense Richard Nixon, el presidente rumano Nicolae Ceaucescu o, más recientemente, a los líderes de la oposición venezolana Edmundo González y María Corina Machado. El acto de entrega ha tenido lugar este domingo, poco antes de las diez de la mañana, en el zaguán del Palacio de Cibeles, sede consistorio de la capital, frente al que se ha congregado más de un millón de fieles para asistir a la multitudinaria Santa Misa por el Corpus Christi oficiada por el Papa. Su Santidad ha estado acompañado, además de por el alcalde madrileño, el popular José Luis Martínez Almeida, pletórico por protagonizar este momento junto al Pontífice, y por Sus Majestades los Reyes de España, Don Felipe y Doña Letizia, así como de sus hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía. La Llave de Oro de Madrid es el máximo reconocimiento de hospitalidad de la capital al Papa en su condición de jefe de Estado. Se trata de una pieza de orfebrería que emula las antiguas llaves de la muralla de la ciudad y que representa la confianza y la bienvenida de todos los ciudadanos a los mandatarios más relevantes que recalan en la urbe en viaje oficiales. Así, León XIV se convierte en el tercer Pontífice en ser obsequiado con ella. Antes que él, fueron Juan Pablo II en 1982 y Benedicto XVI en 2011, a quienes recibieron los alcaldes Enrique Tierno Galván y Alberto Ruiz-Gallardón respectivamente. Tras recibir el obsequio, el Santo Padre ha tenido a bien plasmar su firma en el Libro de Honor de la capital, unas líneas a modo de recuerdo para la posteridad. «Que Madrid siga siendo una ciudad acogedora e integradora, donde la vida en sociedad se inspire en los auténticos valores humanos«, ha escrito León XIV apenas unos minutos antes de dar comienzo la Santa Misa, que ha arrancado pasadas las diez de la mañana. Desde el altar de casi 600 metros cuadrados con un gran Cristo -réplica del Crista de las Hermanas de Belén- colgado justo en el centro y ubicado en la madrileña plaza de Cibeles, el Papa se ha dirigido a los fieles. Junto a él, más de 200 personas en el presbiterio y en torno a 5.000 autoridades, sacerdotes y concelebrantes, según informa Europa Press.
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