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La estancia del Papa en España supone un paréntesis mediático en medio de un panorama marcado por los escándalos políticos, la confrontación constante y el desencanto social. Cuando el Santo Padre abandone el país, la atención pública comenzará a desplazarse hacia el Mundial de fútbol. Para un Ejecutivo encabezado por un presidente que se declara no creyente y que acumula ya ocho años al frente del Gobierno, esta visita resulta especialmente conveniente para ganar aire. Centremos la atención en el Papa. Será él quien monopolice buena parte del debate público, ya que entre celebraciones litúrgicas y comparecencias públicas acumulará una presencia mediática difícil de igualar. En una época dominada por los intereses materiales y el pragmatismo, la actualidad encuentra en... Ver Más
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