La Opinión de Murcia
Carlos, un seminarista de 23 años, se mueve entre la multitud del entorno de Cibeles con la misma agilidad que un vendedor de refrescos. La diferencia es que él reparte hostias. Consagradas. Es una de las casi dos mil personas que ofrece la comunión a los presentes que no han podido llegar hasta el corazón de la misa.
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