Diario de Noticias
Las mañanas en la frutería Baratza son animadas. Sin pausa y sin aglomeraciones, los clientes entran y salen. Los saludos entre ellos y con los dependientes son continuos. Pero estos días se alargan si se encuentran con Pascual. Y es que tras cuatro décadas al frente de la frutería, se ha jubilado. Con la bolsa de la compra en la mano, lo felicitan y le desean lo mejor. Son clientes de toda la vida de la frutería del barrio saludando a su tendero de confianza. Un tendero que unos cuantos han heredado de sus padres.
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