ABC
Hay lugares donde el toreo parece encajar de manera natural en el paisaje. Sanlúcar de Barrameda es uno de ellos. Allí donde el Guadalquivir se entrega definitivamente al Atlántico, frente a las arenas infinitas de Doñana y bajo esa luz cambiante que mezcla río, mar y cielo, el toreo adquiere una dimensión distinta. Más pausada. Más armónica. Más cercana a la belleza que al estruendo. Como si el compás de las mareas marcase también el ritmo del toreo. Por eso quizá no resulte extraño que Pablo Aguado encuentre siempre en Sanlúcar una plaza especialmente propicia para expresar su concepto . Porque esta tierra forma parte desde hace años de su vida cotidiana. Aquí entrena con frecuencia, aquí ha pasado largas... Ver Más
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