ABC
«He perdido 11 kilos en solo cuatro meses. Mi barriga cuelga de forma exagerada. Es todo piel descolgada, pellejo vacío. No puedo verme así. Me afecta psicológicamente». Joana Campos (nombre ficticio), de 41 años, aumentó mucho de peso en sus dos embarazos. Le costó recuperar la figura. «Mi musculatura es más flácida, en general; siempre he tenido este problema», confiesa a este diario. Por ese motivo, siempre ha sido una persona que ha tenido especial cuidado con sus hábitos. Practica ejercicio, evita el sedentarismo y sigue una dieta saludable. Pese a todo su esfuerzo, no lograba recuperar la figura y veía la cirugía estética como una opción, aunque lejana. Un médico le indicó entonces tirzepatida (Mounjaro) como una fórmula efectiva para perder peso. Nadie le advirtió, sin embargo, de que el efecto de ese fármaco le daría el «empujón definitivo» hacia el quirófano. «Pasé de pesar 63 kilos a pesar 52 en poco tiempo. La grasa ha desaparecido pero me cuelga toda la piel, sobre todo de la zona abdominal, los brazos y los pechos. Es una delgadez enfermiza. Es piel sobrante vacía, descolgada, y es terrible. Estoy delgada pero me ha caído la piel. Tengo pliegues en la zona del abdomen, las axilas, las rodillas, etc. No puedo mirarme al espejo e incluso me afecta a la hora de mantener relaciones sexuales con mi pareja», explica a ABC la afectada, que ha decidido acudir a un cirujano estético plástico para que arregle ese desaguisado estético. A la complicada realidad de Joana se añaden problemas que arrastra desde sus dos etapas de gestación: prolapso —ocurre cuando los músculos y tejidos que sostienen los órganos pélvicos se debilitan, provocando que estos desciendan y se deslicen hacia el interior o el exterior de la vagina—, diástasis abdominal —separación excesiva de los músculos rectos del abdomen—, y dos hernias. «Tras perder todos esos kilos en pocos meses y sin ningún control, ahora no puedo hacer nada para recuperar mi piel, la flacidez extrema , irreversible», lamenta Joana. Asegura que, de haber conocido la 'cara B' de este medicamento «probablemente no lo hubiera tomado». Lamenta, por otro lado, que este tipo de intervenciones para subsanar estas situaciones, que impactan física y psíquicamente en las afectadas, no tengan cobertura pública. «Estoy, por supuesto, muy a favor de que la Seguridad Social cubra las operaciones de cambios de sexo, pero del mismo modo debería financiar estas operaciones que para muchas personas son la única salida para seguir aceptando su cuerpo y su vida», señala la afectada en declaraciones a ABC. El caso de Joana es solo uno de muchos. Según refleja una encuesta difundida por la Asociación Española de Cirugía Estética Plástica (Aecep), nueve de cada diez especialistas detectan un aumento de cirugías tras el uso creciente de fármacos para la pérdida de peso, como semaglutida (Ozempic/Wegovy) o tirzepatida (Mounjaro). El fenómeno se ha intensificado especialmente durante el último año, tal y como señalan el 50% de los profesionales encuestados, mientras que un 35% sitúan el inicio de esta tendencia entre uno y dos años atrás. En cuanto a la magnitud de este incremento, casi la mitad de los especialistas preguntados cifran el aumento de estos pacientes en hasta un 25% en su consulta habitual. «Estamos observando un cambio claro en el perfil de los pacientes que llegan a nuestras consultas. La pérdida de peso rápida asociada a estos tratamientos puede generar alteraciones importantes en el contorno corporal y facial que, en muchos casos, requieren una solución quirúrgica para recuperar la armonía estética», explica la doctora Beatriz Berenguer , presidenta de la Aecep. Los especialistas coinciden en que esta nueva demanda se concentra principalmente en el cuerpo, donde el 60% de los cirujanos afirman observar con mayor frecuencia este tipo de consultas. Entre los cambios físicos corporales más habituales tras la pérdida de peso destacan la flacidez abdominal, señalada por el 93% de los encuestados, seguida por la flacidez en muslos, el exceso de piel en brazos y la pérdida de volumen en glúteos, consecuencia de una reducción rápida de grasa corporal que afecta al contorno y a la calidad de la piel. La abdominoplastia se sitúa así como la intervención más demandada, seguida del lifting de brazos (46%), el lifting de muslos (35%) y el lifting corporal completo (28%). En el ámbito facial, destacan especialmente el lifting facial, señalado por casi el 60% de los especialistas, seguido por los rellenos con ácido hialurónico (44%); la blefaroplastia (43%) y los bioestimuladores de colágeno (30%). El cirujano plástico Jordi Mir , vocal de la Aecep, constata que la presencia de pacientes que han tomado estos fármacos y necesitan cirugía se ha disparado en los últimos años. «Los agonistas del receptor de GLP-1 son fármacos que imitan a la hormona natural GLP-1 y se usan para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad, ya que reducen el azúcar en sangre, disminuyen el apetito, enlentecen el vaciado gástrico y favorecen la pérdida de peso. Son efectivos, por tanto, para adelgazar, pero los especialistas que los recetan deberían advertir de los posibles efectos que tienen asociados: la flacidez y el efecto rebote», señala Mir. El vocal de la Aecep subraya el creciente uso de estos fármacos entre la población. «En países como EE.UU. los toman más del 20% de la población y eso son muchas personas, y en Europa su uso ha crecido también en los últimos años», advierte el cirujano. Jordi Mir considera que los médicos que prescriben estos medicamentos deberían «realizar un seguimiento a los pacientes y darles pautas para evitar esos efectos». En este sentido, recomienda «controles médicos durante el tratamiento, que los pacientes realicen ejercicios de fuerza, mantengan buenos hábitos de vida y estén concienciados de que pueden sufrir un efecto rebote», precisa el experto. Otra recomendación es que estos tratamientos adelgazantes se usen como «una herramienta complementaria dentro de un enfoque global de salud». Advierte, asimismo, de que una cirugía siempre es un riesgo y que este tipo de pacientes al tomar estos fármacos tienen más riesgo de complicación en las anestesias. En cuanto al perfil de los pacientes que toman Ozempic o Mounjaro y acaban en el quirófano, el 83% de los encuestados coinciden en que se trata predominantemente de mujeres de edades comprendidas entre los 45 y los 60 años. Joana forma parte de este colectivo de agraviados. El próximo día 22 entrará en el quirófano. Su único temor es el «efecto rebote» tras la cirugía, aunque está dispuesta a asumir el riesgo para poder «volver a mirarse en el espejo».
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