La Opinión de Málaga
Existe una especie humana poco estudiada por la sociología contemporánea: el abstemio celíaco. Un ser mitológico que desafía simultáneamente dos de los pilares de la cultura gastronómica española: el gluten y el alcohol. La escena es conocida: uno entra en un restaurante con la inocente intención de acompañar una comida con una bebida algo más sofisticada que el agua. Entonces comienza la aventura: «¿Tienen vino sin alcohol?» «No». «¿Y cerveza sin alcohol?» «Sí, claro». El rostro se ilumina durante un segundo. «¿Es sin gluten?» «No». Fin de la conversación. La paradoja es tan perfecta que debería estudiarse en las facultades de Filosofía. Hay cerveza sin alcohol para quien quiere evitar el alcohol. Hay cerveza sin gluten para quien quiere evitar el gluten. Pero para quien quiere evitar ambas cosas, la hostelería española suele ofrecer una solución revolucionaria: agua. Porque, al parecer, la industria ha llegado a la conclusión de que un ciudadano puede ser celíaco o puede ser abstemio, pero difícilmente ambas cosas a la vez. Sería pedirle demasiado a la estadística.
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