COPE
El concierto de The Cure en el Primavera Sound fue uno de esos momentos que justifican por sí solos la existencia de los grandes festivales. Ante un público entregado que llenaba cada rincón del Parc del Fòrum, Robert Smith ofreció una actuación monumental que combinó intensidad, nostalgia y una sorprendente vitalidad. La noche comenzó con “Alone”, un tema reciente que marcó el tono introspectivo del arranque. Con su voz inconfundible y una presencia escénica magnética, Smith condujo al público por un recorrido emocional que abarcó más de cuatro décadas de carrera. La banda sonó compacta, poderosa, con un equilibrio perfecto entre melancolía y energía. Los primeros grandes estallidos llegaron con “Pictures of You” y “Lovesong”, recibidas con un coro masivo que resonó por todo el recinto. La interpretación de “A Forest” fue uno de los momentos más intensos de la noche, con un crescendo hipnótico que dejó al público en trance. Más adelante, la llegada de “Just Like Heaven” desató una oleada de euforia que confirmó que la conexión entre la banda y sus seguidores sigue intacta. El sonido fue impecable, con un bajo contundente a cargo de Simon Gallup y las guitarras de Reeves Gabrels aportando matices que enriquecieron los temas más atmosféricos. La iluminación, sobria pero evocadora, reforzó la estética gótica que ha acompañado siempre a The Cure. El tramo final del concierto fue una celebración absoluta. “Friday I’m in Love”, “In Between Days” y “Close to Me” hicieron bailar a miles de personas, mientras que el cierre con “Boys Don’t Cry” provocó una explosión de emoción colectiva. Fue un final perfecto para una noche que quedará grabada en la memoria del festival. Con esta actuación, The Cure demostró que sigue siendo una de las bandas más influyentes y queridas del panorama musical. Su paso por el Primavera Sound no solo cumplió expectativas: las superó con creces, dejando claro que su legado continúa vivo y en plena evolución.
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