ABC
Escribo a dos soplos de los cien años de Marilyn, y el tema es obligado para un cronista lírico, porque Marilyn nunca se fue, pero aún menos si estamos en su cumpleaños. Cabrera Infante , que era erotómano, no concebía mayor voluptuosidad que Marilyn. Truman Capote la amó, y pudo escribir para ella aquello inolvidable: «Si he de vivir otra vez, que sea de rubia». Hitchcock no la habría contratado nunca, porque prefería a la rubia del suspense, como Tippi Hedren, o Grace Kelly, que desvelan la lenta sospecha pero no tanto la pasión abrasiva. Rubias ha habido muchas, pero Marilyn sólo una. Creó una escuela que todavía sigue abierta, la rubia platino, que fue antes una mujer y luego... Ver Más
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