Canarias Ahora
En Monsanto, el relieve pétreo condiciona un trazado urbano que conserva la huella medieval y explica su reconocimiento histórico dentro del interior portugués La villa medieval del norte de Portugal coronada por un santuario que es todavía un lugar de peregrinación En el municipio portugués de Idanha-a-Nova, en el distrito de Castelo Branco y a pocos kilómetros de la frontera con España, Monsanto se alza sobre la ladera del Cabeço de Monsanto, a 758 metros de altitud. Este enclave forma parte del interior de Portugal donde el paisaje no solo define el entorno, sino también la forma de habitarlo y de construir. En este caso, el gran protagonista es el granito: enormes bloques se integran entre calles, casas y espacios públicos hasta convertirse en una pieza esencial del casco histórico. La imagen más característica de Monsanto nace precisamente de esa fusión entre arquitectura y roca. Las viviendas no se levantan simplemente junto a las piedras, sino que en muchos casos se apoyan en ellas, las incorporan como muros o incluso las utilizan como cubierta. Este rasgo, junto al castillo de origen templario que domina la parte alta y la presencia de varias iglesias y capillas en un espacio reducido, explica que la localidad se haya convertido en uno de los destinos más reconocibles del centro de Portugal. Un pueblo marcado por el granito y por la Torre de Lucano Monsanto fue nombrado en 1938 como “el pueblo más portugués de Portugal”, una distinción que todavía forma parte de su identidad. Este reconocimiento quedó simbolizado con un gallo de plata situado en la Torre de Lucano, también conocida como Torre del Reloj. Construido en 1420, este campanario es uno de los elementos más destacados de la aldea. El casco urbano se extiende en pendiente, con calles estrechas y empinadas que invitan a recorrerlo a pie. A lo largo del paseo, las rocas no aparecen como un elemento aislado, sino como parte de la propia estructura del pueblo. En algunos tramos forman paredes naturales; en otros, se sitúan sobre las viviendas o incluso en el interior de algunos espacios. Esta manera de ocupar el terreno está relacionada con el Batolito Granítico de Penamacor, que explica la presencia de estas grandes masas de granito en torno a la villa. Archivo / EFE / Carlos García. Uno de los ejemplos más conocidos de esta arquitectura es la Casa de Uma Só Telha, o casa de una sola teja. Su nombre proviene de una enorme roca de granito que cubre la vivienda como si fuera un tejado. Más que un recurso decorativo, se trata de una solución práctica adaptada a un terreno complejo, donde construir implicaba aprovechar al máximo las formas naturales disponibles. El recorrido por el núcleo histórico permite comprobar cómo esta relación entre piedra y arquitectura se repite en distintos puntos. Fachadas de piedra, pasos irregulares, desniveles y bloques encajados entre construcciones forman parte del paisaje cotidiano. El resultado es un entramado urbano donde cada calle parece seguir la lógica de la geología del monte. Por ello, más que un conjunto de monumentos aislados, Monsanto se entiende como un todo en el que el espacio urbano y el relieve funcionan casi como una única estructura. El castillo templario y las edificaciones religiosas de Monsanto En la parte más elevada se sitúan los restos del castillo de Monsanto, una fortificación de origen templario que data del siglo XII. Aunque gran parte del conjunto está en ruinas, todavía se conservan vestigios de algunas torres y de la muralla. Su ubicación estratégica sobre la cima permitía controlar el territorio cercano y explica su importancia defensiva durante la Edad Media. La subida hasta este punto también ofrece una vista panorámica del pueblo. El castillo no es el único testimonio del pasado de Monsanto. La localidad cuenta con cerca de una decena de edificaciones religiosas, una concentración poco habitual para un núcleo urbano de estas dimensiones. Entre ellas se encuentran la Capilla de San Pedro de Vir à Corça —también conocida como San Pedro de Vira-Corça—, la Capilla de la Señora de la Aceña, la Capilla de la Señora del Pie de la Cruz, la Capilla de Santa María del Castillo y la Capilla de San Antonio. A estas se suman la Capilla de San José, la Capilla de San Miguel del Castillo, la Capilla de San Sebastián, la Capilla del Espíritu Santo y la Iglesia de la Misericordia de Monsanto. Esta presencia de edificios religiosos, repartidos entre el núcleo urbano, el castillo y sus alrededores, contribuye a completar la lectura histórica del lugar. Algunas construcciones están vinculadas al ámbito defensivo, especialmente las cercanas al castillo, mientras que otras forman parte de la vida cotidiana del pueblo. En conjunto, reflejan cómo Monsanto fue incorporando espacios de culto a lo largo del tiempo, integrándolos en un entorno marcado por el granito. Para el visitante, el recorrido combina el ascenso por las calles del pueblo, la llegada al castillo y la búsqueda de estas capillas dispersas por el entorno. No es una visita de grandes distancias, pero sí pensada para caminar con calma por un terreno irregular. En poco espacio, Monsanto reúne tres elementos que explican su atractivo: viviendas encajadas entre rocas, la herencia templaria de su fortaleza y un notable patrimonio religioso para una localidad de tamaño reducido. Esta combinación mantiene a esta villa de Castelo Branco como una escapada reconocible muy cerca de España.
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