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La Catedral de Santa María la Real de la Almudena está construida frente al emblemático Palacio Real en pleno Madrid de los Austrias. No es, precisamente la catedral con más historia, ni la arquitectónicamente más rica, pero está dedicada a una de las advocaciones de la Virgen más simbólicas, antiguas y veneradas. De hecho, está construida sobre la antigua muralla de la villa donde se encontró la imagen de la Virgen. La tradición cuenta que, cuando los árabes conquistaron el, por entonces, pequeñísimo asentamiento que más tarde se convertiría en la megaurbe que es hoy Madrid, decidieron hacer allí una fortaleza, aprovechando que su situación geográfica era una encrucijada de caminos y, en su muralla, un fiel cristiano guardó la talla de su venerada virgen, para protegerla de los musulmanes que les habían invadido. Con respecto a lo que pasó 3 siglos más tarde, las historias son diversas. Hay quien asegura que el rey Alfonso VI, que fue el que reconquistó la villa, estuvo días buscando la imagen de la Virgen oculta. Rezaron y rezaron pero no lograban encontrarla y, de repente, al paso de una procesión, la muralla madrileña se desprendió, revelando el lugar en el que había sido escondida. La talla apareció intacta e incluso se mantenían encendidas las dos velas con las que fue tapiada. Otra leyenda cuenta que fue el mismísimo Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, quien encontró la Virgen, que previamente se le había aparecido en sueños para pedirle que tomara la fortaleza de Mayrit (Madrid). Cuando el mítico guerrero se acercó a la ciudad, la muralla se desprendió justo donde se encontraba la virgen, revelando al mismo tiempo la imagen de la patrona madrileña y una fractura por la que burlar las defensas islámicas, para tomar la ciudad. Son leyendas, mitos, pero también la evidencia de lo significativo que es el fervor a esta imagen, de lo fundacional que resulta el vínculo entre Madrid y su patrona de nombre arábigo, Almudena y de significado profético: "la ciudad". El Papa León XIV ha presidido un homenaje a la patrona de todos los madrileños que, como dijo el día de su llegada, son todos los que Madrid acoge en cualquier momento. Le ha otorgado la rosa de oro, una distinción que simboliza el amor del Papa por María y que tan solo algunas pocas advocaciones privilegiadas han recibido en la Historia. La Almudena se convierte en la primera en España que lo recibe directamente de las manos de un Pontífice y no de un emisario. «Esta milenaria devoción mariana, tan sentida por todos vosotros, es un signo de las raíces cristianas que os caracterizan y os dan vida, pero también de la gran esperanza que continúa animándoos para seguir adelante. Fue gracias a una muralla demolida que se produjo el reencuentro de la Madre con su pueblo», recordaba en su discurso papal León XIV la tradición de la Almudena. Sobre esa historia el Papa ha buscado una analogía con los tiempos que corren, revelando una enseñanza que es aplicable para todos: «En nuestras sociedades actuales siguen existiendo aún muchas murallas que no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan. Y, a veces, al pensar en que derribarlas supone tener que enfrentar lo que no nos gusta, preferimos la comodidad de sólo apuntalarlas y, más frecuentemente, de ignorarlas. Sin embargo, Nuestra Señora de la Almudena, con su presencia y la seguridad de su protección, nos dice otra cosa: para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros, porque para reemprender la ruta son necesarios espacios que nos permitan vislumbrar el horizonte.» León XIV ha terminado con la oración dedicada a la patrona madrileña:
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