Faro de Vigo
El asfalto de Madrid devolvía el calor de un verano anticipado, «de esos que aplastan», recuerdan los jóvenes, pero en las largas colas que cercaban el recinto no se respiraba cansancio, sino una impaciencia compartida. Entre esa marea humana de más de un millón de almas que recibió al papa, tres autobuses con matrícula gallega —uno de Santiago, otro de A Coruña y un tercero salido de Pontevedra— completaban un viaje que, para unas doscientas personas de la diócesis, ya se ha convertido en la crónica de un recuerdo imborrable.
Go to News Site