Noroeste
La crisis de inseguridad que atraviesa Sinaloa desde septiembre de 2024 ha dejado al descubierto problemas que van más allá de las estrategias policiales y de seguridad, pues también refleja fallas sociales y culturales acumuladas durante décadas, consideró Miguel Calderón Quevedo, coordinador general del Consejo Estatal de Seguridad Pública. Al referirse a los hechos violentos registrados en Escuinapa durante la madrugada del lunes, donde una menor de 14 años perdió la vida y otras personas resultaron afectadas, manifestó su consternación por las víctimas que deja la confrontación entre grupos delictivos. Expresó que uno de los aspectos más dolorosos de la crisis es que quienes terminan sufriendo las consecuencias suelen ser los sectores más vulnerables de la población. “Nos ha movido mucho la cotidianidad de la crisis de inseguridad en la que hemos Estado desde septiembre de 2024 y que justo hoy cumplimos un mes más, lamentablemente fuera de todo pronóstico”, señaló. Recordó que al inicio de la escalada de violencia existían expectativas de que la situación pudiera resolverse en cuestión de meses o en menos de un año, sin embargo, el conflicto se ha prolongado mucho más de lo previsto. “Hay quienes decían que iba a ser de un semestre, quizás de poco menos de un año, y mira, ya vamos a la vuelta casi del segundo aniversario”, comentó. Calderón Quevedo indicó que las niñas, niños, adultos mayores, mujeres y demás población civil son quienes han resentido con mayor fuerza los efectos de la violencia, por lo que lamentó profundamente el caso ocurrido en Escuinapa. Consideró que este hecho vuelve a evidenciar que la delincuencia organizada ha dejado de respetar cualquier límite moral en su disputa por territorios y poder. “Es un tema en extremo lamentable que de nuevo ilustra que la delincuencia no tiene escrúpulos, no tiene códigos, no tiene principios”, expresó. Sostuvo que la problemática no puede combatirse únicamente mediante acciones gubernamentales o políticas públicas, ya que también existe un componente social que ha permitido la reproducción de la violencia durante generaciones. En ese sentido, criticó la normalización de la llamada cultura de la violencia, que en algunos sectores de la sociedad ha llegado a exaltar o admirar a personas vinculadas con actividades delictivas. “Es producto de décadas de cómo en Sinaloa algunos han estado ligados a esa cultura de la violencia que alaba, que coloca en el pedestal de héroe a quien es delincuente y que no debe ser así”, afirmó. Añadió que muchos de los jóvenes que terminan integrándose a grupos criminales provienen de las propias familias sinaloenses, por lo que llamó a realizar una reflexión colectiva sobre las responsabilidades que corresponden tanto a las autoridades como a la sociedad. “Algo hace falta ahí. Hemos tenido omisiones, hemos tenido errores, no solamente como aparato político gubernamental, sino también como parte de una sociedad, como parte de una comunidad”, señaló. Calderón Quevedo insistió en que la solución al problema de la violencia requiere una participación más amplia que involucre a instituciones, familias, escuelas y sociedad civil, con el objetivo de reconstruir valores y ofrecer alternativas a las nuevas generaciones. Expresó su solidaridad con las víctimas de los hechos ocurridos en Escuinapa y reiteró que cada caso en el que resultan afectados menores de edad representa una muestra del profundo daño que la violencia ha provocado en el tejido social de Sinaloa.
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