La Opinión de Málaga
Al Gobierno la visita a España de León XIV le ha servido para tomar aire. Para darse un respiro, pero no ha tenido tiempo de coger impulso. Ese era un objetivo demasiado ambicioso, porque los casos judiciales que acorralan al Ejecutivo, aunque están todavía por probar, son de tal magnitud que la tregua papal se le acabará mañana cuando, en el mismo recinto donde el Papa pidió ayer diálogo, respeto y colaboración entre los opuestos, los portavoces de la oposición reanuden las acusaciones de corrupción que rozan el insulto. Con el Pontífice ya en Barcelona, PP y Vox se sentirán liberados para atribuir al Ejecutivo y a su presidente, Pedro Sánchez, toda clase de maldades. Vamos, lo que ya vienen haciendo desde hace meses. No parece, por tanto, que las palabras del Papa en Madrid vayan a derivar en una reflexión de aquellos que podrían darse por aludidos. Ni siquiera de quienes, como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, han buscado con ahínco un gesto de complicidad de León XIV. Porque, por poner un ejemplo, cuando en su visita al centro de Cáritas que atiende a personas sin hogar el obispo de Roma hizo aquel remedo del «soy berlinés» de John F. Kennedy al afirmar que «si estás en Madrid, eres de Madrid», no se refería solo a sí mismo como madrileño sino también a las decenas de inmigrantes sin papeles que lo rodeaban. Personas que residen en Madrid, como el senegalés Khadry que explicó al Papa su experiencia y que ha sido regularizado gracias a las políticas del Ejecutivo de Sánchez que Ayuso trató de parar con un recurso al Tribunal Supremo.
Go to News Site