No existen, ya, los teléfonos, y casi hemos sepultado la palabra, que se ha quedado como palabra de reventa en el Rastro, junto al teléfono propiamente dicho. En Madrid , se han llevado a un museo la última cabina de calle, esa reliquia improbable de un tiempo donde la espera también incluía liturgia. De manera que le hemos dado un funeral a la conversación telefónica, que igual ya estaba muerta desde hace muchos años. No conozco a nadie que hoy use el móvil para conversar. La conversación telefónica fue un género sentimental, y ahora apenas es una intrusión. El móvil, más su mensajería, han fundado la comunicación sin voz, o aún peor, la voz ceñida a nota de audio, que... Ver Más
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