Cuando yo era pequeña, el coco era lo peor. Para que no viniese a perpetrar sus atrocidades, como advertían mis mayores, fingía dormir la siesta, no corría por el pasillo y me comía todo lo que había en el plato. El coco era lo peor. Y lo peor entonces, para mí (que ni había visto al coco ni conocía a nadie que lo hubiese visto), eran los terremotos, la posible muerte de mi familia y los vampiros. Así que el coco era un vampiro capaz de provocar con su mente terremotos que aniquilaban familias enteras. Si para evitarlo había que comerse las lentejas, permanecer dos horas quieto con los ojos bien cerrados y recorrer el pasillo en minuto y medio... Ver Más
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