Diario CÓRDOBA
Vivimos unos tiempos malos para la lírica, la ternura y la sensibilidad. Si enchufamos la tele y vemos las noticias, si adentramos los ojos, la conciencia, el corazón, incluso las tripas sombrías del espíritu, en la realidad atroz que nos rodea uno siente deseos de hundirse en el silencio y en la soledad de un rincón abandonado, vacío de luz, para llorar por dentro y no parar hasta vaciar la bilis, toda la rabia y la angustia que nos roe como una termita el aliento, la ilusión. Hoy más que nunca es necesaria la poesía, pero no esa poesía ñoña, infantiloide, que tanto les gusta leer a los adolescentes, y que no es poesía, sino prosa sin aliño, cortada a tijeretazos e impregnada de un halo insípido y, a veces, cursilón.
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