Diario CÓRDOBA
En un mundo que presume de progreso, la guerra sigue siendo una evidencia persistente de nuestro fracaso ético y moral. Ningún argumento logra justificar su consecuencia más atroz: la muerte de personas inocentes. Los conflictos actuales, especialmente aquellos en los que intervienen o influyen las grandes potencias, muestran con crudeza hasta dónde puede llegar la acción humana cuando se impone la lógica de la fuerza.
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