La Opinión de Málaga
Late Málaga entera en los apenas 800 metros cuadrados de la plaza de San Pablo. Todavía no había amanecido. Hay citas que no necesitan anuncio porque viven prendidas en el calendario íntimo de la ciudad. En ese y en los más jubilosos. La Misa del Alba del Cautivo es una de ellas. Cada Sábado de Pasión, cuando aún pesan el sueño de las vísperas y el cansancio acumulado, miles de personas emprenden la misma peregrinación silenciosa hacia la Trinidad para reencontrarse con una devoción que no entiende de horarios. Ni de fechas, porque a diario recibe. Ni de lógica, porque su gloria reside en la fe. Basta llegar al barrio para comprender que allí se está a las puertas de algo más grande que una ceremonia: una manifestación de religiosidad popular que desborda cualquier análisis y se impone por la vía directa del sentimiento.
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