Confidencial Digital
Hay fines de semana que hacen más ruido en silencio. Aston Martin no rompió, no cometió errores graves y tampoco sufrió un caos estratégico. Y aun así, el resultado en Suzuka ha sido un golpe seco, de esos que no necesitan explicación inmediata para preocupar. Fernando Alonso llegaba a Japón con un discurso prudente, casi quirúrgico. Había margen de mejora, sí, pero también señales que invitaban a la cautela. La clasificación, sin embargo, ha confirmado algo más incómodo: el problema no es puntual.
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