Cope Zaragoza
En el entorno de alta presión del Ejército de Estados Unidos, no todos los aspirantes son considerados aptos. Más allá de la condición física, existe un filtro invisible pero determinante: el cociente intelectual (CI). El catedrático de Psicología Roberto Colom ha puesto sobre la mesa una cifra concreta que actúa como barrera de entrada, un dato que revela la importancia de la capacidad cognitiva en situaciones donde un error puede tener consecuencias fatales. Según ha explicado Colom durante su intervención en el podcast 'ViOne', el ejército estadounidense establece un límite de CI en 83 para sus reclutas. La razón es puramente operativa y se basa en la probabilidad de error. Por debajo de este umbral, el riesgo de que un soldado tome decisiones erróneas en combate se considera inasumible, especialmente cuando se requiere actuar de forma autónoma y sin órdenes directas. Esta política de selección no es una novedad. De hecho, se fundamenta en más de un siglo de investigación militar sobre el rendimiento cognitivo bajo presión. Fue precisamente el ejército de EEUU uno de los grandes impulsores de las pruebas de inteligencia estandarizadas ya desde los años 20 del siglo pasado. El objetivo siempre ha sido el mismo: identificar a los perfiles más capacitados para desenvolverse en funciones complejas y en los entornos más extremos. Colom matiza que no se trata de una cifra rígida, sino de una cuestión de probabilidades. Un CI inferior a 83 no implica una incapacidad total, pero sí aumenta de manera estadísticamente significativa la dificultad para procesar información compleja, anticipar consecuencias y actuar con eficacia. La evidencia acumulada durante décadas ha consolidado este umbral como una referencia funcional y de seguridad. Uno de los debates recurrentes en torno a este tema es la validez de los propios tests de inteligencia. El catedrático defiende que los instrumentos actuales son fiables, siempre que se utilicen correctamente por profesionales cualificados. El problema no es la herramienta, sino el uso que se le da. La clave, según Colom, está en evaluar la capacidad para resolver problemas de distinta dificultad, independientemente del conocimiento cultural. Un ejemplo claro son las pruebas PISA, que funcionan porque, aunque adaptan el contenido a cada país, mantienen la misma estructura y nivel de dificultad en los problemas. Esto permite realizar comparaciones objetivas entre distintas poblaciones. Lo importante no es el idioma o el contexto cultural específico, sino la capacidad para afrontar tareas fáciles, moderadas o complejas. La investigación científica ha arrojado tres conclusiones claras que resume Colom. La primera es que la inteligencia se puede medir de forma fiable. La segunda, que tiene una base biológica evidente, con diferencias observables en el cerebro asociadas al rendimiento. Y la tercera, que existe una influencia genética significativa, algo respaldado por estudios a gran escala con millones de personas. Los avances en genética son especialmente notables. Hoy en día ya se han identificado marcadores genéticos relacionados con la capacidad intelectual. Esta línea de investigación ha llevado incluso a que algunas empresas en Silicon Valley ofrezcan controvertidos diagnósticos preimplantacionales para seleccionar embriones con un mayor potencial cognitivo, una práctica que abre un profundo debate ético. Para Colom, no hay otra variable psicológica con tanta capacidad predictiva. Sostiene que la inteligencia es el mejor indicador para anticipar cómo una persona afrontará los distintos desafíos a lo largo de su existencia, desde el éxito académico hasta la toma de decisiones del día a día. De hecho, lo resume en una frase contundente: "La vida es un test de inteligencia muy largo". Lejos de usar esta información como una forma de discriminación, el experto lanza una advertencia final. Propone que, en lugar de ignorar estas diferencias cognitivas, la sociedad debería utilizarlas para un fin constructivo: diseñar entornos y sistemas que faciliten la vida a aquellas personas que, por sus características, tienen más dificultades para procesar la complejidad del mundo actual.
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