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Felipe de Edimburgo, marido de la Reina Isabell II, falleció 9 de abril de 2021 a la edad de 99 años, según informó el Palacio de Buckingham en un comunicado. «Es con profundo pesar -lamenta el anuncio- que Su Majestad la Reina anuncia la muerte de su amado esposo , Su Alteza Real el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo. Su Alteza Real falleció pacíficamente esta mañana en el Castillo de Windsor». El Duque de Edimburgo fue ingresado en el hospital pocos días antes después de encontrarse indispuesto, aunque en un primer momento parecía que su estado no revestía gravedad y de hecho entró por su propio pie al centro hospitalario. Posteriormente, fue sometido a una cirugía cardíaca y dado de alta el 16 de marzo. Dado su avanzada edad, la Familia Real británica nunca especificó cuál había sido el motivo del fallecimiento del consorte de la Reina, con quien estuvo casado 73 años, y en su certificado de defunción constó como «vejez» . Sin embargo ahora se ha sabido que el padre del actual Rey Carlos III de Inglaterra pasó los últimos ocho años de su vida aquejado de un cáncer de páncreas inoperable. Así lo revela un nuevo libro escrito por el historiador y biógrafo Hugo Vickers y titulado 'Queen Elizabeth II' cuyo primer adelanto ha sido publicado por el diario británico 'Daily Mail'. En él se informa de que Felipe de Edimburgo fue diagnosticado en junio de 2013 después de ingresar durante once días en un hospital de Londres. «El diagnóstico fue cáncer de páncreas inoperable» , escribe el autor en su libro. Pese a todo, continuó con su agenda oficial cuatro años más, hasta que en 2017 renunció a sus funciones reales tras 65 años de servicio como consorte de la Reina Isabel II. Su último acto oficial individual fue el 2 de agosto de 2017, durante un desfile de los Royal Marines en el Palacio de Buckingham, poco después de cumplir 96 años. Además, en el libro Hugo Vickers relata una anécdota sorprendente: en su última noche con vida, el Príncipe Felipe se negó a ser atendido por sus enfermeras y demás equipo médico y, con la ayuda de su andador, recorrió uno de los largos pasillos del castillo de Windsor hasta el Salón del Roble, en el que se sentó para disfrutar de una cerveza. «A la mañana siguiente, se levantó, se dio un baño, dijo que no se sentía bien y se marchó discretamente», finaliza. Históricamente, la Familia Real británica siempre ha ocultado las enfermedades que padecen sus miembros . Uno de los casos más escandalosos fue el de Nerissa y Katherine Bowes-Lyon, las primas de la Reina Isabel II que figuraban como fallecidas, a pesar de que seguían viviendo en el psiquiátrico sin contacto con ningún familiar. Entonces, la Casa Real británica se limitó a aplicar el viejo concepto de los tiempos Victorianos: fuera de la vista y del pensamiento. ABC contaba el 7 de abril de 1987 cómo se descubrió que las familiares de Isabel se encontraban en ese estado: «La prima hermana de la Reina Isabel Katherine Bowes-Lyon ha vivido cuarenta y seis años olvidada por sus padres, recluida en un asilo del Estado para enfermos mentales. Su hermana Nerissa, paciente del mismo centro, el Real Hospital de Earlswood, en Redhill (Surrey), murió el mes de enero de 1986». La familia real se limitó a señalar que se trataba de un asunto privado de la familia Bowes-Lyon, una postura que no cambió desde que estalló la historia en los años ochenta. Aunque parece que ahora están cambiando las cosas y hay más transparencia con el pueblo británico. Prueba de ello fue cuando el 5 de febrero de 2024 el Palacio de Buckingham anunció que el rey Carlos III, de entonces 75 años, fue diagnosticado con una forma de cáncer detectada durante un procedimiento por agrandamiento de próstata. A él se le sumó la Princesa Kate Middleton en marzo de ese mismo año cuando ella misma anunció que padecía cáncer a través de un vídeo personal grabado en Windsor y difundido por el Palacio de Kensington.
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