Vanguardia
En estas fechas, cada año, las calles se llenan de imágenes, incienso, oraciones y silencio. La Semana Santa convoca multitudes que acompañan con devoción el recuerdo de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿qué tanto de ese dolor contemplado se traduce en compromiso con el sufrimiento real que nos rodea? ¿Qué tanto la fe va ligada a la vida, con todo lo que hay en ella y no deja de sorprendernos?
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