Diario CÓRDOBA
El murmullo es constante, se mezcla con el sonido de las sillas al arrastrarse en las terrazas, con el tintinear de los vasos y con ese olor inconfundible a incienso y azahar que anuncia que ya está aquí. Córdoba está que hierve en su primer gran día oficial de Semana Santa, volcada en la calle, sin apenas espacio libre en su casco histórico tras un Viernes de Dolores y un Sábado de Pasión que ya abrían la puerta a lo que podía venir.
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