Faro de Vigo
Con el sol iluminando plazas y atrios y con ese fresco suave que todavía se resiste a abandonar marzo, el Domingo de Ramos abrió ayer la Semana Santa en Deza y Tabeirós-Terra de Montes entre olivos, palmas y gestos repetidos de generación en generación. La conmemoración de la entrada de Jesús en Jerusalén volvió a reunir a los fieles en una jornada de profundo valor simbólico, en la que la liturgia y la tradición popular caminaron de la mano.
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