La Opinión de Málaga
El año pasado, el Domingo de Ramos de Antequera se vivió mirando al cielo. Las primeras gotas de la mañana y el pronóstico sombrío convirtieron cada hora en una negociación con el tiempo. Al final, un claro inesperado abrió paso a los tres tronos de la Pollinica y la ciudad respiró.
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