Ultima Hora Mallorca
Es repulsivo observar como se utiliza un drama desgarrador como el de Noelia Castillo para atacar al Gobierno, transformando el derecho a una muerte digna en un alegato de supuesto terror. Abascal ha hecho uso de su política carroñera parapetada en una supuesta ética de hierro, pero incapaz de comprender que una persona decida no seguir viviendo tras una serie de experiencias traumáticas que la llevan a sufrir dolores que el resto no podemos ni imaginar. La ultraderecha cobardona, oportunista y mediocre se dedica a los eslóganes políticos en vez de sentir compasión, piedad o lo que sea, ellos, que son tan cristianos. Noelia era una muchacha agotada cuyo dolor nadie tiene derecho a prolongar por decreto. Y en este orden de cosas, llama la atención esa necesidad de los demás en convertirse en protagonistas hasta el punto de eclipsar la voluntad de la misma víctima. Vivimos en una sociedad que idealiza la supervivencia a cualquier precio. Cuando alguien, por las circunstancias que sea, intenta suicidarse, el que la rescata, que puede ser un simple transeúnte, es elevado a la categoría de héroe mientras el dolor de la víctima es ninguneado, tratado como una locura transitoria. Se aplaude el gesto de impedir la muerte, pero nadie se pregunta quién acompañará a esa persona en la agonía de seguir viva contra su voluntad. En el caso de Noelia, la oposición del padre es el paradigma del egoísmo disfrazado del algo que se trata hacer pasar por amor. Hablamos de un padre ausente, que intenta obligarla a existir sólo para no cargar con el estigma social de su pérdida como si fuera un descrédito. Esa figura que culpa y obvia el dolor es el reflejo exacto de la postura de Abascal. Imponer su ideología sobre el cuerpo de quien ya no aguanta más. La dignidad de una persona no se negocia, sencillamente se respeta aunque sea doloroso a más no poder.
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