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Patricia Pardo, sobre Alejandra Rubio: «Vive un conflicto interno que le impide ser feliz en televisión» | Collector
Patricia Pardo, sobre Alejandra Rubio: «Vive un conflicto interno que le impide ser feliz en televisión»
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Patricia Pardo, sobre Alejandra Rubio: «Vive un conflicto interno que le impide ser feliz en televisión»

Bastan unos minutos de conversación con Patricia Pardo para sentirse contagiado por su energía. La convicción con la que habla le lleva a uno a comprender el valor de las palabras que Christian Gálvez le dedicó en el programa 'Y ahora Sonsoles': « Gracias a ella he recuperado la fe » . La fe en un sentido amplio, no solo en Dios. Cuando recuerda cómo fue su primer encuentro, Patricia le describe como un hombre abatido, sin ilusiones: «Nos conocimos en una época muy complicada, pero le inyecté la fe en sí mismo, desperté algo que había muerto». Y uno, cuando siente la pasión de Patricia mientras recuerda esa experiencia, entiende perfectamente que lograra ese despertar. De hecho, ella misma destaca que su carácter es el de una mujer «combativa, perseverante. No me rindo por muy agobiada que me sienta, saco fuerzas para seguir adelante». Pero toda relación es un proceso de aprendizaje y de influencia mutua. Así, a la hora de expresar los sentimientos, confiesa que el romanticismo de su pareja «es así, no hay nada impostado en él, diría que de puertas para adentro es incluso más intenso. Lo agradezco porque me siento querida, valorada; tanto, que a veces siento que no estoy a la altura de su amor». Esa forma de entender y expresar los sentimientos le era ajena: «Antes me daba vergüenza decir lo que sentía y compartirlo con los demás, tampoco sentía la necesidad de hacerlo. Ahora soy más romántica , he perdido el miedo a decir 'te quiero.' Y si somos empalagosos, pues lo siento, que no nos sigan en las redes sociales, pero nuestras publicaciones son sinceras y espontáneas, no forzamos nada porque la impostura se descubre. Además, he aprendido que la fe y el amor no deben ocultarse». Patricia se define «muy creyente porque me apoyo en la creencia de que algo trasciende, que la vida es mucho más y venimos a este mundo por una razón. De pequeña había algo de imposición al estudiar en un colegio de monjas, pero ahora vivo la fe porque me ayuda, me reconforta. No me gusta que se critique la religión desde una posición de superioridad moral, solo pido respeto». Así, una de las experiencias más espirituales que recuerda fue un viaje a Jerusalén: «Lo organicé cuando descubrí que Christian no había ido nunca». Defiende sus ideas con vehemencia: «Mucha gente se confunde y piensa que, por mi tono, estoy enfadada, pero no es así. Puede que mi forma de hablar resulte algo agresiva. Me gusta discutir, es sano confrontar ideas, pero es muy raro que yo me enfade». Lo que tiene es «mucho carácter y un pronto que debería controlar contando hasta diez para no reaccionar con altivez ». A Patricia le gusta hablar de la maternidad porque «es lo que más feliz me hace. Si por mí fuera, estaría todo el tiempo embarazada y tendría doce hijos. Ser madre es la decisión que más me ha llenado, aunque te reste libertad, espacio, tiempo, cambie tus miedos y tus dinámicas. Después de mi divorcio, pensé que no volvería a enamorarme ni tendría más hijos, pero al final la vida te sorprende. Ser madre a los cuarenta se vive con más entusiasmo, tanto que a Luca, que ya tiene dos años y medio, le sigo dando pecho porque me cuesta soltarlo». La vida de una profesional con tres hijos es complicada, pero «desconecto con ellos, haciendo los deberes, jugando… Tener tiempo libre es difícil, no puedo ver series, por ejemplo, pero me gusta leer, pintar... Me imagino jubilada en Galicia, pintando al óleo cerca del mar. Es mi sueño». Falta mucho para que llegue esa paz, ahora tiene un programa diario en el que hace lo que más le gusta, comunicar: «Los temas de actualidad son mi especialidad, me siento cómoda con ellos y reconozco que, cuando uno me interesa, me cuesta cambiar a otro, pero hay que ser dinámico y mantener el ritmo. Lo que disfruto de 'Vamos a ver' es su tono distendido en el que, gracias a los temas frescos del corazón, también puedo esbozar una sonrisa». Sabe que cada programa es como un examen cuya nota recibe a las ocho de la mañana del día siguiente: «El sábado no puedo evitar despertarme para saber la audiencia, es algo que sufro mucho , pero así funciona. Son los espectadores quienes tienen la última palabra, solo ellos te permiten continuar». La semana pasada, Patricia perdió una de sus colaboradoras más mediáticas, Alejandra Rubio, para la que tiene palabras de apoyo: «Creo que todos debemos encontrar nuestro camino y buscar nuestra felicidad. Ella vive un conflicto interno que le impide ser feliz en televisión y creo que debe buscar su propósito y cumplirlo. Además, la salud y la familia son los mayores tesoros a proteger. Le deseo lo mejor ». El emoji que más usa: «La estrella y la huella, que unidas conforman el símbolo de luz y camino como fuerza espiritual». Se haría un selfi con: «No soy de idolatrar, prefiero tener uno con mi madre, una mujer que me representa, me ha guiado y de la que me siento orgullosa». Un momento 'Tierra, trágame': «Fui al espectáculo de David Copperfield en Las Vegas y me subió al escenario, a mí, que tengo pánico escénico. Y más cuando hay público. Solo deseaba que me hiciera desaparecer». Un sacrificio por la fama: «Hacer una vida anónima. La exposición es lo que menos me gusta de mi trabajo». Algo que no puede faltar en su día a día: «Mimos, abrazos y besos de mi familia». Un lugar para perderse: «Cualquier rincón de Galicia». Tiene miedo a: «Todo lo relacionado con los niños. No poder protegerles me genera una angustia permanente.». Su primer beso: «No lo recuerdo bonito, no me hizo ilusión. No fue ni significativo ni emocionante». Un propósito que nunca cumple: «Como buena Virgo, soy metódica, pero en mi caso, indisciplinada para los objetivos. Mi sueño es escribir un libro». Dentro de diez años se ve: «Rodeada de los míos, con salud y amor, ejerciendo mi trabajo con tranquilidad, sin la incertidumbre de esta profesión». La pequeña Patricia: «EEra una niña despierta, curiosa, preguntona. Era la empollona de la clase. Es verdad que de pequeñita era muy dicharachera, pero me volví tímida, desconfiada, me costaba dar el primer paso para hacer amistad, Me encantaba leer, algo a lo que incitaba el clima de Santiago, siempre lloviendo. Aunque allí la vida no se para por la lluvia, como en Madrid, algo que siempre le llamó la atención. La lectura me permitió abrir los ojos al mundo, nutrir mi mente con ideas que ayudaron a forjar mi personalidad».

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