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De Madrid a la Luna: la tecnología española de la que dependen los astronautas en el espacio
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De Madrid a la Luna: la tecnología española de la que dependen los astronautas en el espacio

Hace más de medio siglo, la Luna se convirtió en un tablero geopolítico y tecnológico donde las potencias medían su ambición. Hoy, ese mismo satélite vuelve a marcar el pulso del futuro. No obstante, en esta ocasión han cambiado algunos jugadores: ahora es China quien trata de hacer frente a la supremacía espacial de EE.UU., que en esta ocasión no viaja solo, sino apoyado por otros países, incluido España. Y en la próxima misión tripulada, Artemis II , la primera desde 1972, su presencia de hecho, será crítica. Varias empresas 'made in Spain', como ALTER, GMV y HV Sistemas han participado en el nuevo programa lunar de la NASA. Y otra, Airbus Crisa ha ideado, desarrollado y construido desde cero un sistema crítico que estará estrechamente ligado a la supervivencia de los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch y Jeremy Hansen en su próximo viaje de diez días alrededor de la Luna, que empezará, si todo va según lo previsto, el próximo miércoles 1 de abril. «Es el inicio de una nueva era. No es una misión de bandera y huella, sino de permanencia, con la mirada también puesta en Marte», señala Fernando Gómez Carpintero, director general de Airbus Crisa, refiriéndose a uno de los objetivos del Programa Artemis , que no es solo explorar de forma permanente la Luna, sino probar la tecnología que luego pueda servir a tripulaciones humanas en futuros viajes al Planeta Rojo. Y, entre los elementos estrella está, sin lugar a dudas, Orión, la nave en la que los astronautas volarán desde la Tierra a nuestro satélite. Es aquí donde la participación europea brilla en importancia. En el corazón técnico de la nave viaja el Módulo de Servicio Europeo (ESM, por sus siglas en inglés), un sistema crítico del que depende la propulsión, la energía y la supervivencia de la tripulación (ya que proporciona desde el aire que respiran los astronautas hasta el agua que consumirán durante el viaje). Y dentro de este módulo, hay un componente clave fabricado íntegramente en España: la Unidad de Control Térmico desarrollada en Tres Cantos, en los cuarteles generales de Airbus Crisa. El único hardware patrio que volará a bordo de la nave. «Este componente garantiza, por un lado, que las superficies iluminadas por el Sol no se calienten demasiado; y, por otro, que las que están expuestas al espacio profundo no provoquen un frío helador dentro de la nave», explica Jesús Ortiz responsable de la arquitectura de las Unidades de Control Térmico del ESM de Airbus. La unidad española mide temperaturas en más de 230 puntos de la nave y controla alrededor de 100 calentadores, suministrando hasta 1.400 vatios de potencia mientras fuera puede haber hasta -250ºC en el espacio exterior. El equipo, pues, regulará la temperatura de la que será la casa de los astronautas —con baño y microondas incluido— de Artemis II, quienes convivirán durante diez días en una cápsula con forma de cono de menos de cuatro metros de diámetro y apenas tres de alto. Sin embargo, no solo se trata de calentar o enfriar: en el espacio profundo la fiabilidad es el verdadero desafío. «Cada nave Orión cuenta con dos unidades de control térmico idénticas. Esto es porque el sistema trabaja en redundancia», detalla Ortiz, aludiendo a que cada componente está duplicado por si uno da problemas, reemplazarlo sobre el terreno en caso de que fuera necesario. «Seguimos la filosofía 'fail-safe/fail-safe': después de dos fallos, el sistema tiene que seguir siendo seguro». Porque, en misiones tripuladas, los márgenes de error se reducen al mínimo. Esa exigencia técnica se traduce en años de diseño, ensayos y validaciones. Airbus Crisa comenzó a trabajar en el programa Artemis a principios de la década pasada. Hoy ya ha entregado diez unidades de vuelo para las primeras cinco misiones de Artemis, incluida la primera, que voló a la Luna sin tripulación en 2022. «Entonces el rendimiento de la unidad de control térmica fue impecable. Ahora es un paso todavía más relevante: se envían personas, lo que es un hito histórico -señala Gómez Carpintero-. La responsabilidad, la emoción, el sentido de hacer algo trascendente con una misión de este tipo es superior». Esa responsabilidad se vive a pie de fábrica. En las instalaciones de Tres Cantos, más de 500 personas trabajan en electrónica espacial de alta fiabilidad. Solo para este componente de la nave, 90 ingenieros han participado para diseñar, fabricar y certificar los equipos, que tendrán que sobrevivir no solo a montarse en un cohete que soportará condiciones de presión increíbles, sino también operar durante el viaje en el espacio profundo. El recorrido de cada unidad es casi quirúrgico. En salas limpias certificadas bajo estándares ISO 8 —donde el número de partículas está estrictamente controlado junto con la temperatura y humedad ambiente— se ensamblan los equipos antes de pasar a una batería exhaustiva de pruebas. «Probamos los equipos de vuelo», explica Jorge Peña Hevilla, responsable de operaciones de test de Airbus Crisa. «Ensayos mecánicos, ambientales, eléctricos y funcionales. Vibramos los equipos en los tres ejes, los sometemos a aceleraciones de hasta 20 veces la fuerza de la gravedad en la Tierra». Porque las pruebas no se limitan a comprobar que el sistema funciona, sino que resiste. En cámaras de vacío térmico, los equipos se enfrentan a temperaturas extremas dentro de cápsulas metálicas que simulan las condiciones del espacio. También se analizan sus emisiones electromagnéticas para asegurar que no interfieren con otros sistemas críticos de la nave. Todo ese proceso desemboca en Bremen, donde Airbus integra el Módulo de Servicio Europeo, y más tarde en Estados Unidos, en las instalaciones de la NASA. Desde allí, Orión partirá, con toda probabilidad, el miércoles en un viaje de diez días alrededor de la Luna con la tripulación a bordo, a casi 400.000 kilómetros de la Tierra. «Desde un punto de vista frío, la unidad tendrá que trabajar igual que en la primera misión, pero lógicamente aquí lo vivimos con más nervios, con más responsabilidad por el hecho de tener a cuatro astronautas dentro», reconoce Ortiz. «Es un proyecto de toda la empresa. La gente sabe que su talento va a tener un lugar entre las estrellas». Y Artemis II es solo el comienzo. Artemis III, que acaba de ser replanteada, será una nueva prueba de validación de la tecnología, pero esta vez alrededor de la Tierra, agendada para el próximo año y para dar más cadencia de vuelo al cohete SLS. Artemis IV, prevista en 2028, será finalmente la que lleve a astronautas a pisar de nuevo la Luna, mientras que las siguientes se centrarán en crear una base lunar en la que la presencia humana sea permanente. «Esto va mucho más allá del Apolo», insiste Gómez Carpintero. «Es una misión a largo plazo, de establecer presencia permanente en la Luna para aprender, desarrollar y para mañana ir a Marte». Quizá dentro de cien años, viajar a la Luna o a Marte sea algo rutinario. Pero alguien tuvo que dar el primer paso. Y esta vez, ese paso se da también desde un polígono industrial al norte de Madrid.

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