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Jordi Varela, médico y gestor: «El sistema sanitario está desenfocado, cura pero no cuida» | Collector
Jordi Varela, médico y gestor: «El sistema sanitario está desenfocado, cura pero no cuida»
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Jordi Varela, médico y gestor: «El sistema sanitario está desenfocado, cura pero no cuida»

Higiene, agua potable, una mejor alimentación y vacunas. Gracias a la combinación de estos factores, la esperanza de vida de la población mundial ha aumentado más de 30 años en menos de un siglo. En la segunda mitad del siglo XX, los hospitales pasaron de ser meros hospicios a lugares de curación, y el crecimiento demográfico se disparó. La gente vive más años pero la población envejece a marchas forzadas y aumenta la presión sobre el sistema sanitario y social debido al impacto de las enfermedades crónicas y neurodegenerativas asociadas a la edad. En el libro 'De vulnerables a poderosos. La apasionante lucha de la humanidad por la salud y la vida' (Lectio Ediciones, 2025), el médico Jordi Varela, que ha sido directivo de tres hospitales catalanes —Puigcerdá (Gerona), Hospital del Mar (Barcelona) y Hospital de Sant Pau (Barcelona)—, consultor y profesor de gestión clínica en Esade y en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), analiza esos retos y extiende un diagnóstico sobre los males de los que adolece nuestro sistema sanitario. «Nuestro sistema está desenfocado porque mantiene la estructura de la segunda mitad del siglo XX, dirigida a salvar vidas y a atender procesos agudos. Dicho de otro modo, está preparado para curar pero no para cuidar», señala Varela. Para revertir esta situación, el experto en gestión sanitaria defiende un cambio de paradigma: «debemos priorizar la atención primaria y convertirla en el eje vertebrador del sistema». -Los avances médicos y científicos de las últimas décadas nos han permitido vivir más y mejor. En 2050 se prevé que un tercio de la población sea de edad avanzada. ¿Está preparado nuestro sistema sanitario para soportar esa carga? -Ante el reto del envejecimiento, tenemos un sistema sanitario desenfocado. Disponemos de un sistema de salud muy potente, que ha crecido sobre todo en la segunda mitad del siglo XX. Hace apenas cien años los hospitales eran lugares donde la gente pobre iba a morir. Lo que ocurrió en los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado cambió mucho la situación. Los hospitales empezaron a disponer de instrumentos clínicos muy poderosos: antibióticos, respiradores, avances en oncología… y de repente la gente comprobó que los hospitales curaban. Empezamos a tener éxitos y a salvar vidas. Eso dio mucho prestigio al sistema y a los médicos. Pero hemos llegado al siglo XXI con un nuevo reto: el envejecimiento. Vivimos más años. Y una parte de esa población que vive más es más frágil, más vulnerable, con más enfermedades crónicas. El sistema no está reaccionando bien ante esto. Estamos intentando utilizar los mismos instrumentos que nos dieron éxito antes y ahora esa receta no funciona. -¿Y eso por qué? -Me explico. Si una persona de 50 años tiene un infarto de miocardio, va al hospital y podemos salvarle la vida de manera muy eficaz. Lo hacemos muy bien. Pero ahora imaginemos una persona de 88 años con insuficiencia cardíaca, que vive sola y empieza a tener problemas cognitivos. Aquí aparece el reto de pasar de curar a cuidar. En ese cambio es precisamente donde está el desenfoque. Los sistemas sanitarios no están trabajando bien la interfaz con los servicios sociales y no están poniendo el foco suficiente en la atención primaria. -¿Se refiere a que los hospitales están saturados de pacientes con cuadros que podrían resolverse en la atención primaria? -Exactamente. Lo que ocurre ahora es que los hospitales se llenan de personas mayores. Y quiero explicarlo bien para que no se malinterprete: no quiero caer en el edadismo. Una persona mayor debe ir al hospital cuando corresponde; si se rompe el fémur, por ejemplo. El problema es que muchos de esos ingresos podrían haberse evitado si esas personas hubieran tenido una atención comunitaria adecuada. En definitiva, estamos desenfocados y no encontramos bien la manera de reenfocar el sistema. El paso de curar a cuidar no es tan glamuroso. No tiene el mismo prestigio social que salvar vidas. Nos movemos mucho mejor frente a un caso de cáncer que frente a un caso de alzhéimer. -Esto enlaza con otra idea muy potente de su libro: la importancia de los determinantes sociales a la hora de garantizar una buena atención a la salud de la población. ¿Qué peso tienen esos determinantes sociales? -Las sociedades viven más y mejor porque tienen una economía productiva con una distribución social adecuada, instituciones no corruptas, escuelas públicas de calidad… Todo ese entramado explica alrededor del 75% del estado de salud de la población. La medicina, por supuesto, también sirve: alrededor del 25%. Esa frontera entre el 75 y el 25% necesita más debate y más relación entre la salud pública y la atención médica. Ese diálogo debe existir. Un ejemplo claro de cuando funciona es en las epidemias. En cambio, cuando ese diálogo cuesta —como en el paso de curar a cuidar— los especialistas van por un lado y la realidad por otro. Y entonces nos encontramos con personas mayores polimedicadas. Ese es uno de los resultados del fracaso de ese diálogo. -En el libro también menciona la importancia de que el médico mire más allá de la pantalla del ordenador y observe el entorno del paciente. Con un sistema sanitario tan tensionado, ¿eso es posible? -Tenemos un sistema sanitario privilegiado, sobre todo si lo comparamos con el de países como EE.UU., donde la atención sanitaria depende de la póliza que pagas. En nuestro caso, lo que debemos hacer es introducir ajustes. La Primaria debe dejar de ser solo la puerta de entrada al sistema y convertirse en su eje vertebrador. -Para eso se necesitan muchos más recursos. ¿De dónde saldrán? -Algunos expertos lo han explicado muy bien. El epidemiólogo estadounidense John Wennberg tiene claro que los recursos para atender mejor a los pacientes crónicos están en el despilfarro que generan algunas prácticas hospitalarias inapropiadas. Si las personas mayores con múltiples enfermedades no reciben una atención adecuada en la comunidad, acaban yendo constantemente a urgencias, y consumiendo muchos medicamentos. Todo eso genera un gasto enorme. Debemos analizar ese despilfarro. -Los epidemiólogos admiten su preocupación por el resurgimiento de enfermedades que antes estaban controladas con la vacunación como el sarampión. ¿Cómo se explica que aún haya personas que decidan no vacunarse? -Durante siglos el negacionismo fue principalmente religioso o académico. Hoy existe otro tipo de negacionismo, de origen ideológico. Hoy vemos personas que ideologizan cuestiones que no deberían ideologizarse. Anteponen la libertad individual a la salud pública en plena epidemia. En el libro hago una defensa muy clara de las vacunas. Son un magnífico ejemplo de diálogo fructífero entre la medicina y la salud pública.

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