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“Hay que explicar a Roosevelt y a todos los jefes de Estado amigos que la tierra de Israel no sería demasiado pequeña si se van todos los árabes y si las fronteras son empujadas un poco hacia el norte , a lo largo del río Litani y hacia el este hasta los Altos del Golán”. La frase está fechada el 22 de junio de 1941 y figura en el Diario de Yossef Weitz , director del Fondo Nacional Judío y figura determinante de la colonización sionista de Palestina en los años del mandato británico. Weitz pertenecía al ala más moderada del sionismo, más comedido, si no en los objetivos, sí en las formas y en los medios para llevarlos a cabo . Por eso escribe “si se van todos los árabes” y no “si echamos a todos los árabes”, que era la expresión habitual de otros dirigentes sionistas del momento, especialmente los del llamado sector revisionista que no tenían escrúpulos en hablar abiertamente del uso de la fuerza para “vaciar de árabes” el territorio de su soñado Estado judío. Por cierto, el actual gobierno israelí es heredero directo de aquellos miembros del revisionismo sionista. Aun así, en otras partes del diario del moderado Yossef Weitz Weitz encontramos frases como esta: “Quizás con la sola excepción de Belén, Nazareth y la ciudad vieja de Jerusalén, no debemos dejar ni un solo poblado , ni una sola tribu. Todos deben poner rumbo a Siria, a Irak, incluso a Transjordania” . La supuesta moderación de una parte del sionismo nunca afectó a la unidad de acción de todos, palomas y halcones, a la hora de conquistar, ocupar y vaciar de población los territorios que ansiaban para su Estado . En las operaciones de limpieza –así se llamaban en el lenguaje militar israelí–, en las que más de dos tercios de la población palestina de entonces, más de 700.000 personas, fueron expulsadas de sus casas y tierras , participaron todas las milicias sionistas, desde el Irgun y el Stern del sector más extremo, los revisionistas, hasta el Haganah y el Palmach, las más potentes, que fueron embrión del ejército israelí. El objetivo explícito era “conquistar el máximo de territorio con el mínimo de habitantes ”. Ahora lo llamamos “limpieza étnica” . Desde su proclamación como Estado, el 15 de mayo de 1948, Israel nunca ha definido sus fronteras , se podría decir que sus fronteras son las que establece su ejército cuando ataca, invade, ocupa o se anexiona nuevos territorios. El expansionismo es un factor clave de la política israelí. Expansionismo e impunidad . Para desgracia de su población, Líbano, cuando menos el sur de Líbano, siempre ha formado parte de las aspiraciones de expansión del Estado de Israel. Lo que está ocurriendo ahora ya ocurrió antes. Cuando no existía Hezbolá . Ni Hamás. El 6 de junio de 1982, el ejército israelí invadió Líbano. La excusa, un atentado fallido contra el embajador israelí en Londres que, cuando se demostró que nada tenía que ver la OLP en ello, dejó de esgrimirse como excusa y el objetivo auténtico, acabar con la presencia de la OLP e imponer un gobierno afín en Líbano , se hizo explícito. Dos semanas después, los tanques israelíes cercaron Beirut. Era la primera vez que el ejército de Israel atacaba una capital árabe. Entre las armas que Israel utilizó, estaban las bombas de fósforo blanco cuyo uso está prohibido en zonas urbanas. Yo vi aquellos heridos que en palabras del médico palestino que los atendía no tenían cura “porque el fósforo sigue quemando la carne por dentro hasta llegar al hueso”. Fue la primera vez que oí hablar de ese tipo de armas, pero no sería la última: el ejército estadounidense las usó en la ciudad iraquí de Faluya durante la invasión de 2003 y el Pentágono tuvo que reconocerlo tras el demoledor documental Faluya: La masacre escondida, de dos periodistas italianos que visitaron la ciudad tras el asalto estadounidense. Y en Gaza… en Gaza el ejército israelí las lleva usando desde hace años . El cerco de Beirut duró más de dos meses , y fue devastador. Se le puso fin gracias a la mediación internacional, especialmente la del presidente estadounidense Ronald Reagan, que logró un pacto por el que Israel permitía la salida de la OLP de Beirut con protección internacional, y se comprometía a no entrar en la zona oeste de la ciudad, el Beirut cercado, donde se encuentran los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatilla. Dos semanas después, un atentado, nunca reivindicado , causó la muerte de más de 20 personas, entre ellas el presidente libanés Bachir Gemayel : el ejército israelí entró en Beirut Oeste, cercó los campamentos de Sabra y Shatilla y dio la orden a sus aliados, las falanges libanesas, de “entrar a los campamentos y limpiarlos de terroristas ”. La matanza duró dos días con sus noches, desde la tarde del jueves 16 de septiembre hasta el mediodía del sábado 18 de septiembre. Durante ese tiempo el ejército israelí no dejó entrar ni salir a nadie y por la noche mantuvo iluminadas con bengalas las callejuelas de los campamentos para facilitar la tarea de sus aliados. Todas las víctimas, en torno a 3.000 , eran civiles. Nadie ha sido juzgado por los crímenes cometidos en Sabra y Shatilla. El cerco de Beirut terminó, pero el ejército israelí se mantuvo en el territorio del sur de Líbano, desde la frontera hasta el río Litani. En ese contexto nació Hezbolá , como fuerza de resistencia contra la ocupación israelí que duró desde 1982 hasta el año 2000, cuando el laborista Ehud Barak decidió la retirada de su ejército. No fue un final sino un “hasta la siguiente” : siguiente incursión, siguiente bombardeo, siguiente violación del alto el fuego, siguiente invasión, siguiente expulsión masiva de población… La nueva frontera de Israel –lo anuncia su gobierno, lo lleva a cabo su ejército– se está estableciendo en territorio libanés, “a lo largo del río Litani”, tal como hace más de 80 años proponía un tal Yossef Weitz. Y muchos otros. __________________ Teresa Aranguren es periodista y escritora. Su ensayo más reciente es ‘ Palestina. La existencia negada’ (Editoriales del Oriente y Mediterráneo).
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