Faro de Vigo
La lista de camisetas que defendió John Burridge resulta interminable. Este peculiar portero inglés pertenecía a esa especie tan característica de su tiempo pero que la evolución convirtió en un objeto extraño hasta desaparecer por completo. Eran tipos que parecían haberse colado en el campo de juego, con mejores o peores condiciones pero a quienes el físico jugaba una mala pasada y prejuzgaba en muchos casos. Durante los casi treinta años de carrera en el fútbol británico Burridge militó en veintinueve equipos diferentes (en algunos de ellos tuvo más de una etapa) y saltaba de un club a otro con una frecuencia insólita hasta el punto de llegar en una misma temporada a cambiar cuatro veces. Decían en ocasiones que era capaz de fichar por un club nuevo para evitarse algún kilómetro con el coche o porque tenía interés en conocer la ciudad durante unas semanas. Durante los doce meses de 1994 llegó a estar en seis clubes diferentes. Su vida comenzó a los dieciocho años en el Workington de su ciudad natal y acabó con cuarenta y cinco en la plantilla del Blyth Spartans, perdido en las ligas casi de aficionados.
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