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Máximo Huerta, sobre lo duro que es cuidar a una madre con alzhéimer: «Hay días en los que no puedes y dices 'o ella o yo'» | Collector
Máximo Huerta, sobre lo duro que es cuidar a una madre con alzhéimer: «Hay días en los que no puedes y dices 'o ella o yo'»
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Máximo Huerta, sobre lo duro que es cuidar a una madre con alzhéimer: «Hay días en los que no puedes y dices 'o ella o yo'»

Máximo Huerta vive una realidad que cada año se acentúa en nuestro país. Después de trabajar durante años para engrandecer su carrera profesional en el periodismo, se muda de vuelta al interior de Valencia porque su madre necesita cuidados permanentes . Ella es su nueva prioridad. A finales de 2025, España contaba con más de 1,7 millones de personas con dependencia reconocida. Niños, jóvenes y adultos con dificultades de movilidad y cognición que no pueden desarrollar las actividades del día a día de forma independiente. El periodista y escritor se vio en esta situación en 2020. En unos pocos meses de diferencia, su madre tuvo un tumor en el ojo, se rompió la cadera y sufrió un agravamiento de su alzhéimer. El valenciano decidió invertir los papeles y volcarse en aquella mujer que le había cuidado a él de niño. Cinco años después de tomar esta decisión, se sienta en el podcast 'A solas con' para comentar su experiencia con Vicky Martín Berrocal. «Hay días que dices 'o ella o yo'», reconoce. «No me voy a hacer ahora el valiente ni el hijo mejor de España. Hay días en los que no puedes y dices 'o ella o yo'», confiesa. La atención constante a su madre le ha cargado de una presión y un estrés que a veces le superan. Revela que un día especialmente complicado llegó a tomarse la pastilla tranquilizante de su madre para relajarse y comprobar sus efectos. El cuidado se convierte en un trabajo en cuanto a horarios, sí, pero también a nivel interno. Máximo Huerta ha aprendido a olvidarse de uno mismo: «Intento armarme de paciencia y de no desaparecer, porque tú no eres lo importante ahora». El cuidado de otros está ligado necesariamente al olvido de la propia persona. Máximo ha sacrificado amistades, amores y trabajo por asegurar la comodidad y seguridad de su madre durante su enfermedad. «Perder he perdido una pareja, el amor. He perdido la capacidad de de divertirme porque estoy todo el rato en alerta». Cuando está fuera de casa vigila a su madre con una cámara «a ver cómo va». El plano profesional fue de los primeros en quedar relegado: «Me han ofrecido cosas y digo, 'es que ahora no, eso no puedo. Si queréis otra cosa, pero a eso tengo que decir que no '». Un trabajo común no sería compatible con las necesidades de su madre. «Si trabajara de nueve a tal en un sitio, pues no habría podido. Si tuviera dos niños, no habría podido, pero yo podía y decidí que que lo hacía», afirma convencido. Su deber como hijo le da fuerzas para superar la cara más desagradable de esta nueva vida: «Es lo que hay que hacer. Es muy fácil decirlo pero hay que hacerlo. No es nada fácil ni nada ni nada gratificante, porque no es porque nunca vas a mejor». Máximo sufre con los comentarios de algunas personas ajenas, cuando aseguran que su labor ayudará a su madre a vivir mejor y que persista, pues él sabe y ve día tras día que su madre no mejora. «Van a peor , no hay ningún día mejor. Hay pequeñas alegrías que las compartes, pequeñas risas. lo normal es que vayan a peor todo el rato, no es como los niños». Los niños son dependientes pero su desarrollo natural les lleva a ganar independencia, al contrario que un paciente de alzhéimer, que con el tiempo pierde capacidades. «Los niños te crecerán, te harán la comunión y se irán a la universidad si se quiere ir a la obra o donde quiera». Su madre seguirá siendo «una señora mayor a la que hay que escuchar y honrar ». Cuando tenga la memoria más frágil y sus cambios de humor se intensifiquen, Máximo deberá poner más 'mimo' a sus cuidados. «Yo lo hago todo sin ser invasivo, que no note que se encuentra mal».

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