Faro de Vigo
El sonido de la campana —el número de tañidos depende del orden de la vía— sitúa a los viajeros en aviso, y el sonido de los silbatos del jefe de estación y de la locomotora —el maquinista acciona esta última bocina— anuncian la partida del tren desde la estación. Los pasajeros, en familia, reposan sobre sus asientos al aire libre, en las cubiertas de pequeños vagones a escala. Cuando el revisor perfora los billetes reaparece la emoción de las primeras ocasiones de un viaje, o se manifiesta por primera vez la expectativa. Niños y mayores comparten gestos de asombro y exhiben alegría, participando de un trayecto que supone, en buena medida, un viaje sentimental: de descubrimiento en el caso de los pequeños; de nostalgia y memoria entre los que atesoran una edad.
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